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10 enero, 2009

IBN BATTUTA EN SU SALSA.-

Así debían verlo desde "la acera de enfrente": y se "animaron".




Abajo, el periplo que aquí se describe.
De vez en cuando, repito la historia - muy representativa - de este gran viajero que se encontraba en Al Andalus, como pez en el agua.
PASEO POR SU AL ANDALUS, EN EL SIGLO XIV.
"SI ENCUENTRAS A UN FORASTERO, AYÚDALO: QUIZÁ LLEGUE EL DÍA EN QUE LO SEAS." PROVERBIO MARROQUÍ.
Cuando Osama ben Laden se refirió a “la tragedia de al Andalus”, no hablaba a humo de pajas. El viajero tangerino Sams ad-Din Abu Abdallah Muhammad conocido como Ibn Battuta recorrió todo el mundo islámico desde Al Andalus hasta Sumatra, desde Malí a Astrakán, dejando en sus libros de viaje o rihla interesantes y a menudo únicas referencias de cómo eran muchos pueblos en el siglo XIV. Uno de sus últimos viajes fue al reino de Granada, describiendo Gibraltar, Málaga, Vélez, Alhama, Granada, Ronda y durante el cual, visitó a El Ceutí.
Embarqué en Ceuta en un barquito de cabotaje perteneciente a gentes de Arcila y llegué al país de al Andalus - al que Dios guarde - donde la soldada es copiosa para sus habitantes y donde se atesoran los premios para residentes o viajeros.Acababa de fallecer el tirano de los cristianos, Afdunus (Alfonso XI), que pusiera cerco a “La Montaña" (Gibraltar, La Montaña de la Conquista) por espacio de diez meses, pues tenía el designio de apoderarse de las tierras que aún eran musulmanas en al Andalus, pero Dios se lo llevó cuando no tenía cuenta de tal cosa y pereció de la peste a la que temía como nadie.
La primera ciudad andaluza que conocí fue la "Montaña de la Conquista" (Gibraltar), donde me entrevisté con su jatib, el distinguido Abu Zakariyya Yahya b. as-Siray el Rondeño – ole, predecesor de Pedro Romero - y con el cadí Isa al-Barbari a cuya hospitalidad me acogí y con quien di la vuelta a la montaña pudiendo contemplar las magníficas fortificaciones – que ya vemos no las “inventaron” los británicos - bastimentos y pertrechos que dispusiera nuestro señor Abu-l-Hasan y los añadidos por nuestro señor. Hubiera yo deseado quedar entre los defensores de este lugar hasta el fin de mi vida. Dice Ibn Yuzayy: "La Montaña de la Conquista” es el reducto del Islam dirigido contra las gargantas de los adoradores de ídolos, buena obra de nuestro señor Abu l-Hasan de quien toma el nombre," (...) Aquí empezó la gran conquista, pues es el lugar en el que desembarcó Tarik b. Ziyad, cliente de Musa b. Nusayr, al cruzar el Estrecho, por eso de él toma el nombre y se la llama Yabal Tarik (Montaña de Tarik), y también Monte de la Conquista puesto que por él comenzó. Aún perduran restos de la muralla que levantaran Tarik y sus compañeros y se les denomina "Muro de los Arabes", yo los he contemplado en los días de mi estancia allá con motivo del sitio de Algeciras – al Yesira, la Isla Verde - a la que Dios haga retornar al Islam. (...)
Desde Gibraltar me trasladé a la ciudad de Ronda, que entre las plazas fuertes del Islam es una de las mejor situadas y defendidas. Era su alcaide por entonces el jeque Abu r-Rabi Sulayman b. Dawud al-Askari y su juez, mi primo por lado paterno, el
alfaquí Abu l-Qasim M. B. Yahya b. Battuta. Allá me entrevisté con el jurisconsulto, cadí y literato Abu l-Hayyay Yusuf b. Musa al Muntasaqari que me albergó en su residencia. También conocí al predicador, el piadoso y distinguido Hayy Abu Isahq Ibrahim, conocido por Sandaruj que más adelante falleciera en la ciudad de Salé, en Marruecos. Y allá entablé relación con un grupo de hombres piadosos, entre ellos Abdallah as-Saffar (El Llatonero) y otros más.
Permanecí en Ronda cinco días y luego me encaminé a – le gustaba la jet - Marbella. El camino entre ambas es muy áspero y tortuoso. Marbella es un pueblecito hermoso y fértil. En él encontré a una tropa de jinetes que se dirigían hacia Málaga y tuve la intención de ponerme en marcha en su compañía, pero Dios el Altísimo me protegió con su favor porque salieron antes que yo, siendo apresados en el camino como recordamos más adelante. Así pues, salí tras sus huellas y franqueé el
alfoz de Marbella entrando en el de Suhayl (Fuengirola) y fue entonces cuando pasé junto a un caballo muerto en un foso. Luego me topé con una banasta de pescado tirada en el suelo. Todo esto me preocupaba y como tenía ante mí la torre de atalaya, me dije a mí mismo: "Si hubieran aparecido enemigos por aquí, el vigía habría dado la alarma". Seguí avanzando hasta una casa que allí hay y encontré en las cercanías un caballo degollado. Entre tanto oí voces a mi espalda - pues me había adelantado a mis compañeros - y regresé hacia ellos, así vi que venían con el alcaide del castillo de Suhayl quien me comunicó la aparición de cuatro galeras enemigas y que parte de sus tripulantes habían desembarcado en un momento en el que el vigía no se hallaba en la atalaya. Los jinetes que salieran de Marbella - que eran doce - pasaron junto a los cristianos y éstos dieron muerte a uno de ellos, capturando a diez y el último pudo escapar. Con ellos pereció un pescador que les acompañaba y cuyo cofín encontré tirado en el suelo. El alcaide me aconsejó pernoctar en su fortaleza y desde allí él me llevaría a Málaga. Pasé la noche en el castillo y rábida que toma su nombre de Suhayl. Las galeras antes mencionadas estaban fondeadas cerca. Los cristianos dominaban el mar: ganaron.
Al día siguiente el alcaide montó a caballo en mi compañía y llegamos a
Málaga, una de las capitales de al Andalus y de las más hermosas, aúna las ventajas de mar y tierra y abunda en productos y frutos. En sus zocos se vendía – atestiguo - la uva a razón de ocho arreldes por un dirham pequeño, las granadas dichas murcianas y de color de jacinto, no tienen igual en el mundo, y los higos y almendras se transportan desde la ciudad y su alfoz hasta los países del Magreb y el oriente árabe.
En Málaga se fabrica la maravillosa cerámica dorada - ¿qué fue de ella? - que se lleva a los países más alejados. Su mezquita tiene una amplitud enorme y es renombrada por su
baraka. No hay patio semejante al de esta mezquita, con naranjos inmensos. A mi llegada a Málaga visité a su juez, el distinguido predicador Abu Abdallah - hijo del anterior játib Abu Yafar y éste a su vez hijo del también predicador y amigo de Dios el Altísimo Abu Abdallah ar-Tanyali- que estaba sentado en la mezquita aljama y con él los alfaquíes y principales del lugar que recaudaban fondos para redimir a los cautivos que antes mencionáramos. Me dirigí a él diciendo: "Loado sea Dios que me protegió no permitiendo que fuera uno de ellos".Y referí lo que me sucediera tras su marcha, de lo cual quedó perplejo. El mismo me mandó la adiafa aunque, por ende, me ofreciera hospitalidad el jatib Abu Abdallah as-Sahili, apodado "el del turbante". Algo así como Mohamed Jesulín el de Ubrique.
Desde allá me trasladé a Vélez, que está a veinticuatro millas. Esta es una bella ciudad, con una portentosa mequita. En el lugar se dan las uvas, frutas e higos igual que en Málaga. Seguimos viaje hasta Alhama – la del suspiro del moro - pequeña población que dispone de una gran mezquita maravillosamente emplazada y muy bien construida. Existen allí unas burgas de agua caliente, orilla a su río, a una milla de distancia, más o menos, del pueblo, con aposentos separados para el baño de hombres y mujeres.
Después continué la marcha hasta
Granada, capital del país de al Andalus, novia de sus ciudades. Sus alrededores no tienen igual entre las comarcas de la tierra toda, abarcando una extensión de cuarenta millas, cruzada por el famoso río Genil y por otros muchos cauces más. Huertos, jardines, pastos, quintas y viñas abrazan a la ciudad por todas partes. Entre sus parajes más hermosos se cuenta la "Fuente de las lágrimas" un monte donde hay huertas y jardines, sin parecido alguno posible. (...)
En la época de mi visita era rey de Granada el sultán Abu l-Hayyay Yusuf, hijo del sultán Abu l-Walid Ismail b. Faray b. Isamil b. Yusuf b. Nasr, a quien no pude ver a causa de una dolencia que sufría. Su madre, la pura, piadosa y distinguida, me envió unas monedas de oro que me fueron necesarias. En Granada conocí una porción de los hombres más distinguidos, entre ellos: el cadí de la comunidad, el diserto jerife Abu l-Qasim M. b. Ahmad b. M. al-Husayni, el Ceutí; el alfaquí, maestro y sabio jatib Abu Abdallah M. b. Ibrahim al-Bayyani (de Baena); el sabio predicador y lector Abu Said Faray b. Qasim conocido por Ibn Lubb; el juez de la comunidad, asombro de su época, único en sus días, Abu l-Barakat M. b. M. b. Ibrahim as-Salami al-Balabai que acababa de llegar de Almería por entonces, coincidiendo con él en el huerto del alfaquí Abu l-Qasim Muhammad, hijo del alfaquí y egregio secretario Abu Abdallah b. Asim, así como por la zona de La Línea – que entonces no existía – conocí al famoso picador de toros “Pajarraco”. En aquel paraje permanecimos dos días y una noche. (...)
Encontré también en Granada al jeque de jeques y sufí relevante, el alfaquí Abu Al Umar, hijo del pío y devoto jeque Abu Abdallah M. b. al-Mahruq, en cuya zagüía, extramuros de la ciudad, permanecí varios días recibiendo sus exquisitos agasajos. Con él visité el morabito, famoso por su baraka, que se conoce por "Rábida del Aguila". Este es el nombre de un monte que se alza sobre la población a una distancia de ocho millas, próximo a la ciudad de Elvira, hoy día en ruinas. (...)
Hay en Granada un grupo de faquires persas que se radicaron en ella por similitud con sus tierras de origen, por ejemplo el Hayy Abu Abdallah de Samarcanda, el Hayy Ahmad de Tabriz, el Hayy Ibrahim de Konya, el Hayy Husayn de Jurasán, y los dos peregrinos Ali y Rasid de la India, aparte de otros.
Desde Granada me trasladé a Alhama, luego a Vélez, a Málaga y a la fortaleza de Dakuan (Coín), que es un buen castillo, abundante en aguas, árboles y frutas. Más tarde proseguí camino a Ronda y al pueblo de los Banu Rabah (Benarrabá), cuyo jeque me alojó. Se trata de Abu l-Hasán Al B. Sulayman ar-Rabahi, hombre generoso, distinguido y notable, que da sustento a los viajeros y me dispensó una excelente hospitalidad. Después viajé a Gibraltar, donde embarqué en el mismo buque de armadores de Arcila en que lo hiciera para pasar el Estrecho anteriormente.
Alfaquí. Del árabe al-faqih, docto. Doctor o sabio de la ley.
Alfoz. Del árabe al-hauz. Arrabal, término de tierras de un distrito o dependientes de él, hoy puede equivaler a partido judicial.
Baraka. Del árabe baraka, bendición. Virtud o don divino que se atribuye a los jerifes y morabitos, y que transmiten con su bendición.
Játib. Predicador que dirige la oración del viernes y pronuncia el sermón.
Adiafa. Del árabe ad-diafaya, convite. Regalo o refresco que se daba a los marineros o viajeros al llegar después de un viaje.
Se lo pasaban de miedo. Se comprende que estén cabreados y quieran volver.
Ibn Batuta (1304-c. 1369), viajero y escritor árabe, cuya obra Rihlah (Viajes) constituye una valiosa fuente de información sobre la historia y la geografía del mundo musulmán durante la edad media. Batuta era un bereber nacido en Tánger. Su nombre completo era Muhammad ibn Abdullah ibn Batuta. En su primer viaje, en el año 1325, un viaje de peregrinación a La Meca, recorrió 120.700 kilómetros, que abarcaban un área que se extiende desde España, en el Occidente, hasta China, en el Oriente; desde Tombuctú en África occidental a las estepas rusas. Su libro contiene descripciones de la corte bizantina de Constantinopla y de la peste negra de Bagdad (1348). Esta es su biografía, estractada del libro que, a continuación, se cita.
BIOGRAFIA.
(Abu Abd Allah Muhammas Ibn Battuta; Tánger, 1304 - Fez, 1368 o 1377) Viajero y geógrafo árabe. Fue el más importante de los viajeros musulmanes en la Edad Media, famoso por escribir el libro Rihläh (Viajes), en el año 1355, donde plasmó con todo lujo de detalles las experiencias vividas a lo largo de los más de 120.000 kilómetros que recorrió desde el año 1325 a 1355.
La obra, traducida en occidente con el nombre de A través del Islam, constituye una valiosísima fuente de información de primera mano sobre la historia y la geografía del mundo musulmán durante la Edad Media, además de ser en su época una de las pocas referencias fiables de unos territorios desconocidos por casi todo el mundo habitado, aunque también hay que decir que la obra contiene numerosísimos errores geográficos y bastantes pasajes con poca credibilidad, toda vez que la narración posee un alto grado literario y artístico, donde se puede apreciar el deseo del autor por agradar al lector con historias y relatos maravillosos al uso de la época. Ibn Battuta fue testigo directo de una de las mayores convulsiones que asolaron a la Edad Media: la Peste Negra del año 1348, que le alcanzó cuando éste estaba en Siria, y cuyos efectos catastróficos describió minuciosamente.
Miembro de una familia honorable dedicada a la magistratura islámica (cadíes), desde muy joven Ibn Battuta se aficionó a la lectura, especialmente de obras relacionadas con la geografía y con todo tipo de libros de viajes. Ayudado por el desahogo económico de su familia, cuando tan sólo contaba con veintiún años de edad, Ibn Battuta comenzó su periplo viajero. El 13 de junio del año 1325, partió en dirección a La Meca con el designio de cumplir la peregrinación preceptiva para todo musulmán de visitar la ciudad santa por excelencia del Islam.
Ibn Battuta recorrió todo el norte de África a lo largo del litoral, en el que apenas detuvo su atención, hasta llegar a Alejandría. Desde Egipto se adentró curso arriba por El Nilo hasta la ciudad de Aydab, ubicada a la altura de las primeras cataratas, para luego regresar a El Cairo ante la imposibilidad de embarcarse hacia Arabia atravesando el Mar Rojo, como era su deseo. A continuación, Ibn Battuta visitó Damasco y Alepo, tras de lo cual tomó la ruta directa hasta La Meca, lugar al que llegó en septiembre del año 1326. Al mes siguiente, Ibn Battuta abandonó La Meca para proseguir su itinerario por los lugares santos del Islam, Meshed y la tumba del santo Alí al-Ridá.
Una vez que hubo cumplido sus deseos de devoto, se dirigió hacia Irak, el Juzistán, Fárs, Tabiz y el Kurdistán para acabar en Bagdad, desde donde, en el año 1327, regresó a La Meca para vivir tres años seguidos como profesor de Teología, período en el que se granjeó fama de austero y devoto musulmán. Cuando el espíritu viajero volvió a apoderarse de Ibn Battuta, éste emprendió el viaje, esta vez hasta Kilwa. Desde esa ciudad regresó a Arabia por Omán y el Golfo cumpliendo una nueva peregrinación a La Meca, en el año 1332.
Tras visitar Arabia a fondo, Ibn Battuta dio comienzo realmente a su gran viaje que habría de llevarle hasta el mismísimo corazón del imperio chino. Desde La Meca Ibn Battuta viajó a Egipto, Siria y la península de Anatolia. En la ciudad costera de Sinope se embarcó para Crimea y Jaffa (actual ciudad de Feodosia), importante factoría comercial de Génova, donde tomó contacto por primera vez con la cultura cristiana occidental. Una vez en Constantinopla, tras una corta estancia en la capital bizantina, se dirigió hacia los territorios dominados por la Horda de Oro y de los tártaros de Qiptaq, donde el khan, según su propio relato, le recibió con un lujo impresionante y le hizo el honor de compartir varias de sus esposas oficiales.
Ibn Battuta dirigió su atención a las misteriosas tierras del norte, alcanzando las heladas estepas donde se conseguían las pieles de armiño y marta tan apreciadas por la realeza y alta nobleza europea. Por último, movido por un gesto caballeresco y de agradecimiento típico de los musulmanes, Ibn Battuta aceptó acompañar a una de las esposas del khan a Constantinopla, bordeando la costa del Mar Negro, ciudad donde también fue objeto de una bienvenida digna de un rey por parte del emperador bizantino Andrónico III Paleólogo.
De regreso en la corte del khan, Ibn Battuta se preparó a conciencia para su siguiente viaje, el más largo y duradero de todos ellos. Atravesando el río Volga y las estepas aralocaspianas, el 13 de septiembre del año 1333 alcanzó el fértil valle del Indo, dirigiéndose a Delhi, ciudad en la que permaneció nueve largos años al servicio del sultán Muhammad Ibn Tughluq. Aunque Ibn Battuta prosperó y alcanzó los más altos honores en la lujosa corte del sultán hindú, sus deseos por conocer mundo y las ganas de aventuras que llevaba en la sangre vencieron a la comodidad que gozaba en aquellos momentos. Por fin, deseoso de abandonar una vida sedentaria y muy cómoda pero repleta de intrigas, responsabilidades y envidias por doquier, en el año 1342 el sultán hindú le nombró embajador de su reino en los territorios más orientales del continente.
Su periplo al Extremo Oriente se inició visitando por espacio de un año y medio las islas Maldivas, donde la pequeña expedición de Ibn Battuta tuvo que recalar como consecuencia de una terrible huracán que destrozó todas las embarcaciones. Ibn Battuta descansó en un lugar auténticamente paradisíaco, donde actuó como juez gracias a sus estudios de Teología. Una vez que pudo zarpar, Ibn Battuta llegó hasta Ceylán (actual Sri Lanka), donde escaló la célebre montaña que según la leyenda contenía las huellas de las pisadas de Adán, el primer hombre de la humanidad. Tras ser desvalijado por los piratas del Índico, Ibn Battuta se vio obligado a regresar a Calcuta haciendo escala en Bengala, Assam y Sumatra, en cuyo reino el sultán musulmán le proporcionó una embarcación hecha con juncos con la que pudo alcanzar, por fin, la costa china.
Tras una larga y penosa navegación de cabotaje, Ibn Battuta desembarcó en Zaitón (ciudad identificada por los especialistas con algunas reservas con la actual Chuanchou, cerca de Amoy, en la región del Fujián), efectuando numerosos recorridos por aquel inmenso país hasta alcanzar la capital Pekín, donde apenas estuco un mes, para seguir sus exploraciones. Precisamente, según los expertos sobre el autor y su obra, este pasaje de la Rihläh es el menos verídico y el que más sospechas levanta de que fuera un extracto añadido por un apócrifo, debido al cambio de estilo narrativo tan sustancial y a la gran cantidad de imprecisiones y errores que contiene, contrastando con la fiabilidad anterior del relato. Probablemente, Ibn Battuta nunca alcanzó a ver Pekín ni la famosa Muralla China.
No obstante, Ibn Battuta dejó gran información escrita sobre aquel período. Ibn Battuta quedó gratamente sorprendido ante una civilización tan extraña y sus grandiosas fiestas. También describió de un modo prolijo el funcionamiento de una administración minuciosa y eficaz, de una justicia ejemplar y de una economía compleja, detalles todos ellos a los que no estaba acostumbrada una persona como él educado bajo unos parámetros intelectuales, sociales y religiosos tan distintos.
Como consecuencia de las graves agitaciones políticas que sacudieron a China en el año 1347, Ibn Battuta inició el regreso a Occidente antes de los deseado, a través de Sumatra y Malabar hasta Egipto, desde donde se dirige a La Meca para realizar otra peregrinación. Ya en Alejandría, sin ningún contratiempo, embarcó rumbo a Túnez a bordo de una navío catalán que los trasladó a Cerdeña (por aquellas fechas perteneciente a la Corona de Aragón), hasta que, finalmente cruza el occidente de Argelia y entra en el reino de Marruecos, dirigiéndose a la capital del reino meriní, la floreciente Fez, donde fue recibido como un héroe nacional por el mismísimo sultán, en noviembre del año 1349.
Sin apenas saborear las mieles de sus aventuras y hazañas entre sus compatriotas, Ibn Battuta fue encargado por el sultán de realizar otro viaje de mucha menor envergadura que los anteriores pero no por ello menos importante, sobre todo para los generaciones posteriores, ya que fue comisionado para explorar una parte de los territorios desconocidos habitados por los negros que apenas se conocían por aquel entonces. Nos estamos refiriendo al semilegendario imperio africano de Malí, sobre el que Ibn Battuta dio una cumplida referencia geográfica, política, social y religiosa en la Rihläh.
Pero antes de partir hacia el Sáhara occidental, Ibn Battuta fue enviado como embajador del sultán al reino musulmán de Granada, donde permaneció por espacio de un año más o menos, entre 1351 y 1352. De regreso en Marruecos, Ibn Battuta informó pormenorizadamente a su sultán de la delicada situación política por la que estaba atravesando el último reino musulmán que aún quedaba en el extremo occidental del continente europeo, amenazado constantemente por el monarca castellano Pedro I el Cruel.
En el año 1352, Ibn Battuta partió desde Sijilmassa, ciudad que se encontraba en su edad de oro, apodada la "puerta del desierto", a la cabeza de una caravana de mercaderes, con la que logró atravesar el desierto del Sáhara en dirección norte-sur en tan sólo dos meses, período en el que pudo estudiar con profundidad los mecanismos principales que regían el lucrativo tráfico comercial de la región: el intercambio de la sal de Taghasa y el oro del Sudán. El contacto con el mundo musulmán negro en la corte del sultán de Malí, Mansa Suleyman, dueño del poderoso y temido Imperio de Malí, decepcionó por completo a Ibn Battuta, acostumbrado al esplendor de Oriente. La simpleza de esta gente a la hora de interpretar el Islam y los casos de antropofagia que Ibn Battuta pudo comprobar con sus propios ojos, acabaron por obligarle a reanudar la marca al año de su estancia en Malí.
Después de alcanzar el Níger, al que creía un afluente de El Nilo, Ibn Battuta descendió por su cauce hasta llegar a las localidades de Tombuctú y Gao, tras de lo cual alcanzó la ciudad de Taccada (actual Agadés), el punto más meridional al que había llegado el hombre blanco en la parte occidental del continente africano. A finales del año 1353, Ibn Battuta regresó a Sijilmassa a través del Aïr y el durísimo Ahaggar, en pleno desierto del Sáhara.

03 enero, 2009

ESPAÑA EN ÁFRICA.-






Una de las reclamaciones territoriales más delirantes y absurdas del mundo actual es la del reino de Marruecos sobre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. No se sostiene ni jurídica ni históricamente, y es una demostración de cómo siendo persistente con un monotema al final se crea un debate que nunca debería haber existido. A diferencia de Gibraltar, que fue parte de España durante más de dos siglos hasta que los ingleses decidieron quedárselo en la Guerra de Sucesión, Ceuta y Melilla nunca fueron marroquíes. Por la sencilla razón de que, cuando ambas ciudades se incorporaron a la Corona española, Marruecos ni siquiera había hecho su debut en la historia.
Aunque los que rigen los destinos de nuestro vecino del sur parecen querer olvidarlo, el actual reino de Marruecos es algo relativamente reciente. Nació a finales de los años 50 coincidiendo con la independencia del país. Durante buena parte del siglo XX Marruecos fue un protectorado hispano-francés. Esta es la razón por la que uno de los protagonistas de la película Casablanca es un gendarme, y el motivo que explica que la Guerra Civil española empezase en África. Antes de eso, un sultanato, el alauita, no muy bien avenido y completamente insignificante en el panorama internacional.
El primero de estos sultanes, un tal Al Rashid que ocupó Marrakech dando pasaporte a la dinastía anterior, se hizo con el poder en 1666. Para entonces Ceuta llevaba más de cien años vinculada a España, y Melilla siglo y medio largo de presencia española directa, sin intermediarios, sin concesiones y sin apaños con los que estaban antes allí, básicamente porque en Melilla, antes de la llegada de los españoles, no había nadie.
El caso de Ceuta es tremendamente gráfico de cómo ambos lados del estrecho han estado casi siempre unidos. Durante los siglos de Roma las dos orillas fueron eso mismo, romanas. Pasaron brevemente por manos bizantinas y visigodas para caer, a principios del siglo VIII, bajo dominio de los musulmanes. Y así, casi toda la Edad Media, lo mismo que en Andalucía. Al final, en 1415, es decir, bastante antes de que se reconquistase Granada, Málaga o Almería, los portugueses la echaron el guante reteniéndola durante 225 años. Tiempo que Portugal invirtió en inventar la carabela, explorar medio mundo y en unir su destino al de España durante un par de generaciones.
Pero en 1640 el matrimonio ibérico se rompió de muy mala manera y los portugueses reclamaron todos sus dominios en el divorcio. Todos menos la ciudad de Ceuta, que permaneció fiel a la Corona española conservando, eso sí, las armas portuguesas en su escudo. Felipe IV, baldado de tanta traición y tanta mala sangre, obsequió la lealtad de la plaza con el título de Fidelísima – Muy Noble, Leal y Fidelísima - que aun mantiene y, es de suponer, querrá seguir manteniendo por mucho tiempo.
Melilla tiene una historia más tranquila pero no menos heroica. Fue casi lo mismo que su vecina con la diferencia que de musulmana pasó a ser castellana allá por 1497. Más o menos por la misma época en que las Islas Canarias quedaron unidas al resto de España y unos años antes de que Navarra hiciese lo propio gracias a los oficios del rey Católico. Pedro de Estopiñán, un conquistador enviado por el duque de Medina Sidonia, llegó, vio y venció. En Melilla no hubo resistencia porque los que la habitaban se habían largado. Luego se arrepintieron e intentaron retomarla pero ya era tarde, los españoles habían hecho de la plaza una fortaleza inexpugnable. Tanto que, aunque los moros insistieron durante siglos, no consiguieron jamás rebasar la muralla.
Porque fricciones entre las dos ciudades y el país que las circunda y envuelve siempre hubo. En tiempos de Isabel II, con intención de acabar con ellas, la reina invitó al sultán a reconocer por escrito algo que estaba a la vista de todos, que Ceuta y Melilla eran tan españolas como los que las poblaban y defendían desde hacía siglos. Así, los sultanes Abderrahman y Mohamed IV, parientes lejanos del actual Mohamed VI que se las quiere quedar por la cara, aceptaron la españolidad de Ceuta y Melilla. Cierto es que al segundo le hizo falta perder una guerra para llegar a tan elemental conclusión pero, pasado el mal trago, fue razonable y hasta cortés.
Luego, con el correr de los años, llegaría el protectorado, el desastre de Annual y el desembarco en Alhucemas, que cayeron todos cerca de Ceuta o de Melilla pero que no cambiaron ni un ápice de lo esencial. Cuando Marruecos consiguió la independencia en 1956 renovó el acuerdo de respetar las dos plazas de soberanía española en el norte de África, que es como dieron en llamarse a dos ciudades que por motivos históricos y humanos son tan españolas como cualquier otra en la península o en los archipiélagos. A fin de cuentas, en ningún lugar está escrito que España empiece en los Pirineos y termine en Tarifa, o que Marruecos tenga derecho divino sobre todo el rincón de África que ocupa.
Decir, por lo tanto, que Ceuta y Melilla son una reliquia colonial – la frase de Llamazares fue “un pasado colonial y franquista” - es un disparate mayúsculo. Es no conocer la historia y pasarse por el arco del triunfo los tratados y acuerdos de los que precedieron a Mohamed VI en el trono marroquí. Pero en este asunto lo más importante no es la historia compartida, que es mucha y memorable, sino el deseo manifiesto de ceutíes y melillenses, que siempre han querido ser españoles y, al menos que se sepa, nunca han hecho voluntad de ser marroquíes. Ni antes ni ahora. Sus razones tendrán.
F. Díaz Villanueva.
LOS FUERTES.
La experiencia vivida por las tropas españolas que intervinieron en la Guerra de África de 1.859 - 60, puso de manifiesto la necesidad de disponer de unas fortificaciones estables de pequeño o mediano tamaño, capaces de aguantar las embestidas de tropas irregulares muy numerosas, bien dotadas de armas ligeros, pero carente de artillería de retrocarga, que se lanzaban contra los pequeños reductos hasta entonces existentes, contra los cuales, los colosales bastiones de Bauban resultaban, por su excesiva volumetría y alto coste en tiempo y dinero, poco prácticos, encontrándose la solución en la fórmula medieval de las torres circulares o poligonales de reducidas dimensiones y altos muros con troneras, rodeadas de profundos fosos salvados por puentes levadizos y dotadas de aljibes para el almacenamiento de aguas pluviales.
Terminada la contienda y delimitada la nueva frontera de Ceuta con Marruecos por el tratada de Wad Ras, firmado el 26 de abril de 1.860, se construyeron entre 1.860 y 1.870 en las cimas más altas de Sierra Bullones varios fuertes y fortines tanto para vigilar la línea fronteriza, como para prevenir posibles ataques. Estos de Norte a Sur son:
Fortín de Benzú: Fue proyectado en 1.866 y reformado en 1.881. Presentaba 3 órdenes de fuego de fusilería y constaba de dos pequeños cañones. Tenía capacidad para 60 hombres. Fue destruido en época moderna a causa de la explotación de una cantera allí existente.
Fortín de Aranguren: Fue proyectado en 1.865. Presenta 4 órdenes de fuego de fusilería. Tenía capacidad para 40 hombres.
Fortín Renegado: Fue proyectado en 1.864. Presenta 4 órdenes de fuego de fusilería. Tenía capacidad para 14 hombres. Recibió el nombre de un cristiano que abjuró y se quedó a vivir en una casilla en el monte en que se construyó dicho fuerte, y que anteriormente, se llamó Marabú (Santón).
Fortín de Anyera: Presenta 4 ordenes de fuego de fusilería. Fue proyectado en 1.860. Tenía capacidad para 14 hombres.
Fortín de Isabel II: Presenta 4 ordenes de fuego de fusilería. Fue proyectado en 1.865. La torre de Isabel II estaba armada con tres pequeños cañones. Tenía capacidad para 100 hombres. En él se instaló un poste repetidor de televisión.
Fortín de Francisco de Asís: Presenta 4 órdenes de fuego de fusilería. Tenía capacidad para 14 hombres.
Fuerte del Serrallo: Tenía capacidad para 500 hombres. Fue el cuartel principal de la línea de fuertes compuesta por los fuertes de Príncipe Alfonso, Piniers, Francisco de Asís, Mendizábal, Aranguren, Isabel II, el Renegado, Anyera y Benzú. Desde el Serrallo se daba la hora con una especie de campana de timbre y martillo, repitiéndose desde el Isabel II a los demás fuertes. Fue reconstruido a mediados del presente siglo en forma que en nada recuerda al antiguo alcázar que allí hubo.

Serrallo, García Aldave o Posición "A", que de estas tres maneras fue conocido, estuvo ligado a La Legión desde su fundación.
Fortín de Piniés. Presenta 4 órdenes de fuego de fusilería. Tenía capacidad para 14 hombres.
Fortín de Mendizábal: Fue proyectado en 1.865. Presenta 4 órdenes de fuero de fusilería. Tenía capacidad para 40 hombres.
Fuerte del Príncipe Alfonso: Consta de dos órdenes de fuego de fusil y de piezas de artillería de pequeño calibre. Tenía capacidad para 300 hombres.

20 septiembre, 2007

LA LINEA ESTELLA.-

EL PRINCIPIO DEL FIN PARA ABDELKRIM. BEN TIEB: UN MENU LEGIONARIO. ENCUENTRO HISTORICO.
Durante buena parte de 1924, Primo de Rivera decía a quien deseaba escucharle – si le hablaban de desembarcar en Alhucemas – “que los tiros no iban por ahí”. El Rey – partidario del desembarco – animaba a Franco para que tratase de convencer al Dictador y Franco era reacio a enfrentarse a un hombre que se había “pronunciado” con un Manifiesto en el que, entre otras cosas decía: “este Manifiesto es de hombres: el que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón sin perturbar”. Terminó por colaborar hasta Largo Caballero – el Lenin español – como Consejero de Estado a quien no por ello, sus amiguetes dejaron de considerar, demócrata de toda la vida.
EL ESTADO DE LA CUESTION. ALMUERZO CON LA LEGION EN BEN TIEB.
La oficialidad estaba revuelta ante las que entendían como tesis abandonistas de Primo y cuando el día 19 de Julio de 1924, el Dictador visitó en su campamento de Ben Tieb a la Legión, se esperaban incidentes.
La leyenda dice que – se supone que para animar al general – se le ofreció un menú muy legionario consistente en huevos condimentados de muy diversas formas – los Caballeros Legionarios, siempre tan “sutiles” a la hora de insinuar - aunque Franco se lo niega a La Cierva, si bien reconoce que, al ofrecer el banquete, pronunció palabras muy duras – era demasiada la sangre derramada para abandonar - lo que fue censurado por el también general Aizpuru. Sin embargo el Dictador terció conciliador y parece que fue convencido. Franco le dice a La Cierva: “se comportó como un caballero”.
Sea como fuere, la cuestión es que tuvo lugar un giro copernicano en la praxis de Primo. Puso en práctica la estrategia de la que dio en denominarse Línea Estella – por su marquesado, del mismo nombre - y el reloj se puso en marcha en contra de Abdelkrim.
DESCRIPCION.
Consistía en:
Zona oriental.- Proteger Melilla.
Zona occidental.-
Aislar la intrincada, indómita y rebelde kabila de Anyera, entre Ceuta y Tánger.
Abandonar Chauen.
Dejar abiertas las comunicaciones entre Ceuta, Tetuán, Tánger, Larache y Alcazarkivir.
Disminuir la línea del frente y hacerlo inatacable para Abdelkrim.
Nunca se sabrá si lo que ocurrió, era lo que pretendía el marqués de Estella. Pero al quedar libre el paso hacia los feraces valles del sur, la marea rifeña cayó sobre la zona administrada por Francia, arrasando puesto tras puesto y provocó la sustitución de Lyauteay por el héroe de Verdún, Petain, quien se entrevistó con Primo en Ceuta para ofrecer la colaboración de su país. En medio del desastre francés, el que había de ser mariscal de Francia en Indochina, De Lattre de Tassigny, organizaba – muy a la francesa – raids de aprovisionamiento: hielo y condecoraciones.
Lyauteay había pronosticado la ofensiva rifeña, ante la indiferencia de su gobierno. Contaba con una escasa fuerza de 64.000 hombres de ellos, solamente 2.000 europeos y contemplaba la caída – uno a uno – de sus puestos, cuando fue sustituido. Antes se hunde la línea del Uarga y los siempre indecisos de Beni Zerual – a caballo entre las dos zonas -- se someten a los rifeños y pagan vasallaje. Las estadísticas consiguen avergonzar a Francia por su desprecio cuando el desastre de Annual:
Puestos perdidos: 43 de 666.
Cañones, 51. Morteros, 35. Ametralladoras, 200. Fusiles, 5.000.
Millones de cartuchos.
Muertos y desaparecidos, más de 3.000.
Centenares de prisioneros.
LA RETIRADA DE LOS DIEZ MIL.-
En tanto La Legión llegaba hasta Chauen – “la triste” – para permitir el repliegue de los civiles, el gran trapisonda – el Señor de Beni Aros – el imponente Raisuni, contemplaba la pleamar de las harkas rifeñas y – de manera lógica – se declara amigo de España fuera de su protección. Es su sentencia de muerte. Abdelkrim dicta a su lugarteniente Mohamed el Jeriro, “cázame al perro”. Este al frente de 2.500 hombres y una reserva de otros 2.000, apresa al versátil funambulista y, vía Chauen – Uad Lau – una cala en Bocoya y Targuist, llega a Tamasit. Con él, 16 millones de ptas. de las de entonces, producto de sus muchos chantajes y miles de fusiles para el cydna de Axdir. Incapaz de soportar el cautiverio, moría – 19.04.1925 – “de esa enfermedad que se llama la flor”, según diagnóstico del “Emir”, quien muy probablemente “colabora” en el asunto.
Entre los días 30 de Septiembre y 17 de Noviembre, la Legión – al mando de Franco - permanece – cercada – en la ciudad, procediendo a concentrar los dispersos puestos. El día 15, comienza la retirada.
Abdelkrim se persona en la zona y se implica en los feroces combates frente a cinco Banderas escalonadas, por primera vez en retaguardia – el puesto de mayor peligro - cubriendo al resto. El 12 de Diciembre, casi un mes después, consiguen llegar extenuados – casi a rastras a Ben Karrich - junto a la estación del ff.cc. Las bajas – demasiado manipuladas – seguramente serían la novena parte de las de Annual, entre los fallecidos, Serrano Orive, junto a Castro Girona, uno de los maestros de Franco. Son los días de Xeruta, Koba Darsa, Dar Akoba o Zoco el Arba. Franco ganó su segunda Medalla Militar individual.
LOS PRELIMINARES DE ALHUCEMAS.-
Los acontecimientos más relevantes del periodo, son:
Pequeñas infiltraciones enemigas. Represalias españolas.
Bombardeo del peñón de Alhucemas, con los cañones apresados en Annual.
Conversaciones con Francia en Madrid.
Ultimos preparativos.
UN ENCUENTRO HISTORICO.
En Enero de 1925 Franco realiza dos reconocimientos de Alcázarseguer desde los cañoneros “Bonifaz” – la prensa de Madrid llegó a aludir al Almirante de Castilla en relación con la invasión de Tarik – y “Canalejas”. El día 14 intenta desembarcar y, aunque fracasa recibe la tercera estrella de ocho puntas junto con la confirmación de la elevación de rango del Mando del Tercio, lo que le permite continuar como sucesor de Valenzuela.
Por fin el día 30 de Marzo desembarca desde el Guardacostas “Arcila” al frente de tres batallones y pernocta en el poblado de Tarik. Fue su respuesta personal a la baraka perdida en el Biutz, el año de Anyera, en que fue herido.
Manda el buque, el alférez de navío Carrero Blanco, que le ofreció suculento desayuno antes de entrar en combate. Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre el menú. En tanto Tusell afirma que se trató de migas, La Cierva opina que fueron sopas de ajo. En cualquier caso, el flamante coronel, como los toreros machos, pisó la arena – la de la playa anyerina – en ayunas.
Se conocieron ese día. Un encuentro que condicionó cuarenta años de la Historia de España.

RIFEÑOS.-


El rifeño típico, es de estatura mediana alta, más alto que los españoles de 1.921, cabello oscuro, ojos marrones o castaños y físicamente robusto. Su atuendo típico es la chilaba de lana hasta las rodillas, de color marrón o castaño, turbante blanco de algodón y camisa de lana, pantalones bombachos hasta las pantorrillas “zaragüeyes”. Se calzaba con babuchas o sandalias de esparto.
Las mujeres visten una especie de camisa-vestido de seda o algodón y pantalones bombachos. Los pies suelen ir descalzos. Las mujeres rifeñas en contraposición con el resto de las mujeres islámicas, no suelen taparse la cara.
En la barbilla y en la frente llevan tatuajes tribales, en forma de cruces, reminiscencia de un pasado cristiano anterior a la islamización.
El poblado rifeño, no está constituido por un núcleo urbano, sino por un conjunto disperso de casas separadas entre si por unos trescientos o cuatrocientos metros y un seto protector de chumberas y zarzas, o un muro de piedras sueltas de un metro de altura aproximadamente. En tiempos pretéritos, cada casa tenía su propio “blocao” (fortín) para defensa de sus moradores, y control de sus enemigos.
La casa rifeña es rectangular de una planta, fabricada en adobe y piedra con un patio interior, escasas ventanas verticales, que lo mismo servían para ventilar las habitaciones que como troneras.
El mobiliario es escaso, carente de sillas. Cada casa está rodeada de un pequeño huerto para cubrir las necesidades alimenticias de sus moradores.
La dieta del rifeño era poco variada, estaba compuesta de frutos secos, cereales (predominando el consumo de cebada sobre el de trigo) leche, miel, cuajada etc.
El rifeño tenía un consumo de carne escaso, demasiado cara para su economía.
La pobre economía rifeña se compensaba por la emigración temporal a los centros urbanos y las granjas francesas de Argelia.
La educación de los hijos se centra en la enseñanza del Corán. Los niños repiten maquinalmente los versículos de éste, hasta que los aprenden de memoria. Cuando se ha conseguido ésta primera fase, se empieza con los estudios de los comentarios coránicos y de los “hadiz” (recopilación de frases del Profeta, no incluidas en el Libro”.
Las niñas no recibían ningún tipo de educación formal.
Las mujeres no pueden elegir a sus maridos, los matrimonios, son negociados por el padre o el hermano de la muchacha y el novio. Cuando un rifeño habla de divorcio, se ésta refiriendo en realidad a repudio.
Aunque los rifeños, de acuerdo con la Ley Coránica pueden tener hasta cuatro mujeres, normalmente son monógamos, por imposición económica.
El rifeño conjuga las creencias religiosas propias del Islam, con las supersticiones anteriores a la islamización. Cualquier rifeño creerá a pie juntillas en personajes mágicos como; “Aisha Kandixha”, mujer con patas de cabra que se aparece a los viajeros para su desgracia. Junto a la existencia de seres maléficos, los “jinm”. En el lado opuesto, está la veneración a los santones, que pueden ser de dos clases: los Jerifes, descendientes del profeta y los morabitos, hombres que han adquirido la santidad no por herencia genética, sino por sus obras y milagros.
Los morabitos, gozaban de gran prestigio y eran mediadores en disputas, llegando a tener gran influencia en materias profanas y políticas.
A los niños, se les inculcaba el odio hacia el linaje al que la tribu odiaba y hacia los enemigos tradicionales, entre los que se encontraban los cristianos (aromis).
El Rif era un mundo violento, a los muchachos se les instruía en la riña y el uso de las armas de fuego antes de llegar a la adolescencia. La querella sangrienta, era cosa habitual. Cualquier ofensa trivial podía desencadenar una guerra tribal.
Cuando un joven había matado por primera vez, salía el primer día de mercado con ropa nueva y un saco en el hombro derecho en lugar del izquierdo. Para jactarse ante los demás de lo que había hecho.
Aunque las leyes de la costumbre permitían el pago de una multa a la parte agraviada a fin de evitar la inevitable cadena de asesinatos. La parte agraviada, normalmente rechazaba la indemnización y optaba por la guerra.
David Hart, nos dice: “El poblado de Ait Bu Kfir apenas conoció un sólo día de paz hasta la ocupación española”. En otra ocasión, el tiroteo comenzó por la muerte de un perro que pertenecía a un huésped del Jefe de Iburasen.
El primer día doce hombres murieron en el combate. Cada parte busco aliados y pronto la lucha se extendió. Durante los años siguientes, murieron cuarenta hombres de un bando y sesenta y dos del otro. El grupo derrotado finalmente abandono la región, cuando no quedaban más que las mujeres, los viejos y los niños, buscaron refugio en las montañas santas de Zerhum, después de haber vendido todas sus propiedades para comprar un sicario que vengara la muerte de los suyos.
La profusión de riñas de sangre hacia necesaria la existencia de una institución denominada: El Lif. Mediante El Lif, el clan que se veía en un grave apuro, enviaba un toro a la mezquita de una comunidad neutral. El toro se sacrificaba en la puerta de la mezquita. El derecho consuetudinario, obligaba a los neutrales que habían recibido el toro a prestar ayuda. Un toro era el animal más costoso que podía poseer una familia, con su muerte, sacrificaban el bien más preciado a fin de avergonzar al grupo neutral si no aceptaba la alianza. En el caso poco probable de que un grupo rechazase una alianza Lif, su prestigio social quedaba totalmente destruido. El sistema Lif, permitía equilibrar fuerzas, y la supervivencia de las comunidades más débiles frente a enemigos poderosos.
Las conductas antisociales entre los rifeños, se saldaban con multas y guerras tribales, pero no existía la prisión ni los castigos corporales.
La comisión de un asesinato en el camino de un mercado, se penaba con mil duros (de la época), el homicidio en el interior del mercado doblaba la multa. Las multas eran tremendamente altas para la economía rifeña. Si el homicida no podía hacer frente a la sanción económica, el consejo tribal le expulsaba a él y su familia de la tribu, incendiaba su casa y sus cosechas y confiscaba sus animales.
La homosexualidad entre los rifeños era tabú. Al contrario de lo que sucedía en Yebala, Gomara y Senhaja, en que era algo cotidiano. En Xauen hubo mercado de mancebo hasta 1.937 en que fue proscrito por la autoridad española. Los rifeños castigaban la sodomía con la muerte. Cuando dos homosexuales eran sorprendidos en flagrante delito, se les rociaba con gasolina y se les quemaba vivos.
Como conclusión final, podemos decir que el rifeño, era austero, belicoso, vengativo, celoso de su independencia y un enemigo temible. David S. Woolman escribe: ”A buen seguro que ninguna potencia imperialista o colonial del mundo ha encontrado jamás enemigo tan formidable como los beréberes del Marruecos español”.
El Rif siempre fue por libre. El Majzen jamás cobró allí impuestos con regularidad, por lo que nunca se consideró parte de Marruecos. Cuando Abdelkrim se subleva, lo hace como Emir de la República del Rif, ignorando la autoridad española, la francesa y… a la del Sultán. La mayoría de sus lugartenientes salvo Mohamed el Jeriro y Azerkán “Pajarito” - y muchos de sus hombres formaron parte después, de las filas del Ejército español, porque era la única manera de continuar siendo guerreros, lo que realmente quieren ser. Su última sublevación fue muy poco después de la independencia y lo hicieron respecto de Mohamed V, quien con la colaboración del General Ufkir, los bombardeó con fósforo y los gaseó, con ayuda de Francia.
El General Mizzian – natural de Nador – era hijo de un antiguo enemigo de España. Como quiera que fuera muy buen estudiante, le dieron la oportunidad de demostrar sus conocimientos durante una visita de Alfonso XIII y en su presencia. Le preguntó este, que quería ser de mayor y el niño le respondió: “quiero ser Capitán”. Impresionado el rey, visitó a su padre – un antiguo enemigo es, casi, un viejo amigo - y le prometió interceder en tal sentido. Fue necesario para ello, modificar un disposición que obligaba a que todos los alumnos de la Escuela de Infantería de Toledo, fuesen cristianos. El niño llegó a Teniente General, antes de hacerse cargo del Ejército de su país, tras la independencia.

ANNUAL: EL DESASTRE.-


LOS HECHOS.
En Mayo de 1.921, nadie hubiera podido predecir el desastre que se iba a cernir sobre el ejercito español en Marruecos tan solo dos meses después.
La penetración española había alcanzado los 130 Km. hasta Buy Meyan y Annual. La Comandancia Militar de Melilla disponía de unos 25.700 efectivos, al menos sobre el papel (algunos de estos efectivos figuraban en los estadillos de las unidades con el único fin de generar devengos). Estos efectivos, que en principio, pudieran parecer suficientes para someter el territorio, en la práctica constituían un cuerpo enfermo, que adolecía de graves carencia, tanto de índole militar, como administrativas y políticas.
El ejército se hallaba disperso en un total de ciento cuarenta y cuatro posiciones, los blocaos, la mayoría de los cuales se encontraban guarnecidos por un total de entre doce y veinte hombres. Aunque algunas posiciones como Batel, Dar Drius, Buy Mellan o Annual, sobrepasaban los ochocientos.
Las unidades tipo regimiento, también adolecían de graves defectos estructurales, estas se encontraban igualmente dispersas sin formar un todo. A veces entre una compañía y otra del mismo regimiento podía haber Km. de distancia. Esto se materializaba en una carencia de jefes naturales. Esta falta de mandos naturales otras veces estaba producida por la simple ausencia física de estos, que se encontraban Melilla, con motivos justificados o no, o bien por encontrarse de permiso oficial en la península, como ocurrió con muchos de ellos los días 22 y 23 de Julio, tal y como queda acreditado en el Expediente Picasso (Sumario de responsabilidades para esclarecer los hechos que dieron lugar al Desastre).
La ubicación de los blocaos era inapropiada, se construían, atendiendo a criterios políticos y no militares. Otras veces serán los propios nativos quienes soliciten y obtengan la creación de un blocao en el lugar por ellos designado, alegando la necesidad de protección frente a otras kabilas (tribus) no afectas a la causa española.
Al producirse el desastre, estas pequeñas posiciones, quedaran irremediablemente perdidas, al quedar sumergidas en un océano hostil, incomunicados entre ellos, sin posibilidad de ser socorridos y muchas veces sin acceso a una fuente de agua.
En lo político, se evitaba que el soldado europeo entrase en combate, pues las esquelas eran muy mal asumidas por la opinión pública española y el fantasma de la Semana Trágica, quitaba el sueño a la clase política. Por lo que el peso de la campaña recaía sobre las tropas nativas, los regulares y la policía indígenas. Por lo general mal escogidos, tanto en su oficialidad (generalmente europea), como en su tropa. Según las conclusiones del ya citado Expediente Picasso. Lo que se traducía en un soldado mal adiestrado y bajo de moral. Al producirse la deserción masiva de las tropas indígenas, que se pasaron al enemigo, el caos fue total y el terror, se apodero del soldado español.
Otro grave problema, era la corrupción casi generalizada en todo el ejercito y que iba desde el oficial que teniendo un sueldo de 500 Pts al mes (este era el sueldo de un capitán en 1.921) tenía unos gastos de 15.000, hasta el recluta que vendía su munición a los futuros enemigos.
El 1 de Junio los españoles ponían cerco a Abarran en territorio Temsamaní, esa misma tarde la policía indígena se amotino, atacando a las fuerzas europeas de su misma columna, de los 250 efectivos europeos, 179 fueron muertos incluido el capitán Salafranca, jefe de la posición.
Abarran tras ser tomado sin oposición quedo cercado sin poder ser socorrido. Ese mismo día Sidi Dris en la costa también fue atacado, si bien pudo resistir gracias al auxilio de la Escuadra. Las bajas españolas entre muertos y heridos rondaron el centenar.
Estos hechos, fueron interpretado por el mando español, no como el prólogo de lo que había de suceder, sino como un episodio aislado, un traspiés, de los que todas las potencias coloniales habían tenido alguna experiencia. Esta fue la idea que el General Silvestre transmito a Berenguer, su superior, a bordo del crucero Princesa de Asturias, en la entrevista que ambos celebraron en aguas de Alhucema el 5 de Junio.
El 17 de Julio, las harkas (partidas de guerreros) de Beniurriaguel, Ammart, Beni Tuzin, Gueznaya, Targuit y Ketama, lanzan un repentino ataque a lo largo de toda la línea española. Mientras tanto Berenguer, declaraba al diario El Sol, que la pacificación de Marruecos se realizaba con éxito y que no era menester el envío de nuevas tropas.
Por su parte el informe mensual de Silvestre a Berenguer, solo llevaba información rutinaria.
Berenguer solo se percató de la situación real cuando el 19 de julio, recibió el primero de una serie de telegramas angustiosos, pidiendo refuerzos, un ataque de distracción de la Armada en Sidi Dris y apoyo aéreo.
Igueriben había quedado cercado, sin posibilidad de socorro, una columna de 3.000 hombres que pretendían liberar a los sitiados, había sido frenada sin conseguir su objetivo, perdiendo 152 hombres en dos horas.
La sed torturo a los sitiados, primero bebieron el jugo de las latas de conserva, después la tinta de los escribientes, y finalmente la propia orina, en la que disolvían azúcar y refrescaban al relente de la noche. Como en tantas otras posiciones, no se había tenido en cuenta la localización del agua, la fuente más cercana estaba en Annual a 5 Km.
De los 800 hombres que componían la guarnición, la mayoría fueron pasados a cuchillo, incluido el heroico Comandante Benitez, jefe de la posición. Solo 25 supervivientes llegaron a Annual, de los que 16 murieron más tarde víctimas del agotamiento y el shock que muchos sufrieron al beber de golpe gran cantidad de agua.
La caída de Igueriben, convirtió a Annual en una posición indefendible. Silvestre convoco a sus oficiales en asamblea, las municiones escaseaban y se acordó la evacuación.
A las 4,55 horas del día 22 Silvestre mandó un último telegrama, anunciando que se replegaba hacia Ben - Tieb, si le era posible.
Iniciada la retirada, pronto se produjo la desbandada en el ejército, la disciplina militar, dejo sitio al "sálvese quien pueda".
En la tormenta, sucumbieron Silvestre, el
Coronel Morales (Jefe de la Policía indígena) y el resto del Estado Mayor.
GABRIEL MORALES Y MENDIGUTIA.
Morales, al igual que Silvestre y Berenguer también había nacido en Cuba, en Sancti Spiritu, provincial de Sta. Clara, el 12-12-1866. Hijo del coronel de infantería D. José Morales y Montero de Espinosa y de Ana Mendigutia Navarro. Diplomado de Estado Mayor, durante la guerra de Cuba fue condecorado con tres cruces rojas al merito militar. Tras la guerra , llegó a España en 1.899 desempeñando el resto de su carrera militar en África.
Durante la masacre del Barranco del Lobo (27-7-1.909), de la que milagrosamente salió ileso tras perder su caballo, destaco por sus dotes de mando y organización, reconduciendo con pericia a las desorganizadas tropas españolas, esto le valió el ascenso a Tte.Col. por meritos de guerra. Morales era un intelectual, un apasionado del mundo árabe, del que era un erudito. Hombre culto, como refleja su obra; Datos para la Historia de Melilla, era miembro de la Real Academia de la Historia desde 1.918. Políglota, dominaba el inglés y el francés así como el árabe y el Chelja, dialecto berebere en el que se expresan los rifeños.
Poseedor de un gran prestigio entre los jefes nativos, no había un jefe mejor en la Comandancia General de Melilla para dirigir tropas indígenas o una negociación con estos. Aunque reunía suficientes meritos para haber alcanzado el generalato, su carácter amable y poco codicioso, le alejaban de los círculos de influencia donde se dirimían estos ascensos. Silvestre le propuso para brigadier el 1 de febrero, pero nunca llegaría a lucir las divisas de éste empleo. Hombre admirado tanto por sus tropas de la Policía Indígena (de los que era jefe), como por los notables rifeños, sobre los que tenía un gran ascendente. Como director de la política española para con los nativos, Morales, había realizado una gran labor de aproximación y comprensión de los naturales. Lamentablemente Silvestre no era del mismo talante.
Morales desconfiaba de la toma de Annual y así se lo hizo saber a Silvestre, que desestimo tanto los recelos de éste como la propuesta de Dávila de enlazar la posición de Annual con la de Sidi Dris a fin de tener un apoyo en la costa. Silvestre, haciendo prevalecer su rango, dirigió el ejército hacia el matadero. Siendo Morales el más capacitado de los jefes militares españoles, lamentablemente no tenía la capacidad de decisión. Al igual que otros tantos militares españoles, Morales fue una de las desafortunadas victimas del 22 de Julio de 1.921. su cadáver fue entregado por Abd-El Krim a la tripulación del cañonero Laza sin que mediara rescate, lo que fue una excepción y demuestra el sincero aprecio que sentía Abd-El Krim por su antiguo jefe de la Oficina indígena.
Las dudas sobre el final del General Silvestre aun no se han despejado, según unos murió en la batalla, según otros se suicido. Los mas piensan que se suicido, así me lo hace pensar, tanto las declaraciones de varios testigos, que aseguran haber oído un disparo dentro de la tienda donde se encontraba el general al empezar la evacuación, como el carácter del propio general, Silvestre prefería la muerte al deshonor.
Abd-el-Krim honró la memoria del coronel Morales, entregando su cuerpo a los españoles, sin exigir rescate. Entre ambos existió una amistad, de cuando Abd-el-Krim era subordinado de Morales en la Oficina de Asuntos Indígenas.
La avalancha humana, se derramó por el desfiladero de Izumar, los moros solo tenían que disparar como en una caseta de feria contra la aterrada desbandada.
Cuando los escasos supervivientes contactaron con la retaguardia, el pánico se extendió, tanto por la evidente desmoralización de los derrotados, como por los horrores que contaban.
La derrota de Annual, provocó la defección del resto de la kabilas, que hasta ese momento eran afectas a la causa española, y que se unieron a los rebeldes espoleados por la idea de venganza y las ansias de botín.
Los pequeños blocaos, quedaron sumergidos en un mar de enemigos.
Mercaderes, soldados, colonos, todos huían en dirección a Melilla. Los enfermos, los agotados, eran abandonados a la furia de los kabileños. Las posiciones de Buy Meyan, Izumar, y Yebel Ubdia fueron barridas. En Ulad Aisa, Dar Haes Busian y Terbibin, las guarniciones fueron asesinadas.
La guarnición de Dar Quebdana, negocio la capitulación, tras la entrega de las armas, fueron descuartizados con toda crueldad. La de Timyast y Sidi Abdallah huyeron hacía Tizi Johoren, pero todos fueron abatidos en la huida.
Los supervivientes de Ras Tikerman, Tisingar y Ain Mesanda, escaparon en dirección a Sbush Sbash, donde muy pocos sobrevivieron al posterior ataque rifeño.
En Kandusi, Buhafora, Azru e Ishafen, no hubo supervivientes.
Las tropas indígenas en Yart el Bax, después de degollar a sus oficiales, se pasaron al enemigo.
En Ben Tieb, la guarnición después de destruir el polvorín huyó a Dar Drius, donde el General Navarro, 2º en el mando intentaba organizar las aterradas tropas que de todas partes acudían. Navarro sopesó la posibilidad de resistir en Dar Drius, pero en vista de las condiciones físicas y mentales de los que se unían a sus fuerzas, decidió retirarse en dirección a Melilla, de donde debería llegar el socorro, si llegaba, fatal error. Pues en Dar Drius, hubiera podido alcanzar la costa – siguiendo el curso del Uad Kert - donde hubiera podido recibir socorro de la Armada.
El 23 de Julio, Navarro inicia su periplo a través de la llanura de Garet, Batel, el 27 Tistutin, para llegar el 29 a Monte Arruit. En esta retirada se destacó el regimiento de caballería, Cazadores de Alcántara, que realizo varias cargas al sable, chocando con la caballería enemiga de Metalsa, ahora protegiendo los flancos de la riada de cadáveres vivientes en que se había convertido la columna de Navarro, ahora protegiendo la retaguardia. Así combatieron los cazadores de Alcántara, hasta el total extermino del regimiento. Sin caballos y casi sin efectivos, Alcántara dio su última carga a pie. Su jefe el Tte.Col. Fernando Primo de Rivera (primo del que seria dictador), moriría en Monte Arruit, víctima de la gangrena después de habérsele amputado en vivo un brazo.
El regimiento Alcántara, recibió por ésta acción la Laureada
Colectiva. De los 695 efectivos (presentes) del regimiento, sólo quedaron 70 heridos y 5 prisioneros.
También destacó en ésta acción el Cptán. Arenas, en torno a su persona se fue formando una fuerza de soldados de diferentes unidades, ingenieros, sanitarios, artilleros, infantes, que no estaban dispuestos a dejarse matar sin combatir, eran la excepción.
Arenas cayó mortalmente herido por un francotirador en las proximidades de Monte Arruit. Sus hombres llevaron su cadáver hasta Navarro exigiendo para él la Laureada, que le seria concedida a título póstumo.
Targuesit cayó el 23. La guarnición de Sidi Dris consiguió abrir una brecha para llegar a los buques de la Armada que habían acudido en su socorro. Sólo unos pocos lo consiguieron. Más suerte tuvieron los de Afrau, que al estar en la costa pudo ser evacuado por mar.
El destacamento de Zoco El-Telata de Metalsa, consiguió llegar a la zona francesa, aunque sólo un tercio de los efectivos llego ileso.
El 2 de Agosto cayó Nador, esto sentenciaba Zeluan y Monte Arruit.
Zeluan caía el 3 y más de 500 persona fueron brutalmente asesinadas. El Cptan. Carrasco y el Tte. Fernández, sufrieron uno de los suplicios que los rifeños daban a los prisioneros. Fueron amordazados y atados juntos, tiroteados y finalmente quemados vivos delante del resto de los prisioneros.
Navarro se fortifico en Monte Arruit, negándose a abandonar a los heridos, sentencio a muerte a los suyos.
Las fuerzas de Navarro se hallaban tan abatidas, que no podían ser considerada una fuerza combatiente.
De nuevo se repite la tortura de Igueriben, la sed, el manantial más cercano, está a 500 m. fuera de la protección de los muros. Las compañías se sortean la mala fortuna de tener que hacer las aguadas. El agua, siempre el agua, que se cambia por sangre, finalmente, se dejan de hacer las aguadas, el enemigo cierra el cerco de tal forma que ya no hay manera de hacer una miserable incursión de 500 metros. Se intenta el abastecimiento desde el aire, aviones procedentes de Melilla, arrojan bloques de hielo, sacos de pan y municiones, pero las municiones quedan inservibles, el impacto deforma las vainas, que ya no se pueden utilizar, el hielo y el pan caen casi siempre en el campo enemigo.
Navarro es autorizado a rendirse, lo que hace el 9 de Agosto, de conformidad con lo pactado los españoles entregan las armas, tan pronto como lo hicieron, los rifeños comienzan la matanza.
El Gral. Navarro junto con seiscientos hombres según David S. Woolman, bastantes menos según otros autores, fueron hechos prisiones, otros dos mil quinientos quedaron para pacto de los carroñeros, "los buitres sólo comían de comandante para arriba" dice Manuel Leguineche, poniéndolo en boca de uno de los testigos del Expte. Picasso.
Tras la caída de Monte Arruit, sólo quedaba Melilla, a la que confluían riadas de refugiados y sobrevivientes del ejércitos aterrorizado, muchos con las facultades mentales perturbadas.
Sólo la kabila de Beni Sicar, permaneció leal a España. Su Caid, Sidi Abdelkader, demostró ser un fiel aliado y un hombre de palabra, reteniendo las alturas del Zoco El-Had en manos amigas, su defección, hubiera sido fatal para la plaza, pues desde Zoco El-Had, las primeras líneas defensivas de Melilla quedaban enfiladas a tiro de fusil.
Hace algunos años el Consistorio Municipal puso el nombre de calle de Sidi Abdelkader a la antigua calle de Arturo Reyes en el centro de la ciudad, una de las principales.

13 agosto, 2007

LOS BENIMERINES I.-




MUCHO SE HABLA DE ALMORAVIDES Y ALMOHADES Y POCO DE “LOS POBRES” BENIMERINES.
Benimerines, Mariníes o Meriníes (1258-1465) es el nombre castellanizado que reciben los Banu Marin, miembros de la dinastía
bereber norteafricana más importante que surgió tras la caída y destrucción del Imperio Almohade y gobernó buena parte del Magreb a partir de 1268. Su origen estaba en el sureste del actual Marruecos, de donde fueron expulsados en 1224 por otra tribu, los Hilali. Posteriormente se asentaron más al norte y tomaron Fez en 1248, que convirtieron en su capital. Una vez instalados allí declararon la guerra a los debilitados almohades con la ayuda de mercenarios cristianos y se hicieron con el control de gran parte del Magreb hacia 1268, llegando por el este hasta Argelia y parte de Túnez.
Magreb o Mágreb (en
árabe المغرب Al-Magrib) es la adaptación al español de una voz árabe que significa lugar por donde se pone el sol, el Poniente, la parte más occidental del Mundo Árabe. Las grafías Maghrib o Maghreb, empleadas en inglés y francés, no deben usarse en español, como tampoco la variante anticuada Mogreb. La parte opuesta se denomina Mashreq o Levante. Tradicionalmente se ha llamado Magreb a la región del Norte de África que comprende los países de Marruecos, Túnez y Argelia, aunque más modernamente se incluye también a Mauritania, Sahara Occidental y Libia. Este último país es, geográfica y culturalmente, puente entre el Mashreq y el Magreb, aunque políticamente se encuadra en aquel. Al-Magrib es también el nombre árabe de Marruecos, país que en otro tiempo era llamado Al-Magrib al-Aqsà, esto es, el Extremo Magreb o Extremo Poniente. Por esta razón, en árabe se utilizan actualmente diferentes expresiones para distinguir a Marruecos del Magreb, que han pasado a otras lenguas como calcos. La más habitual en castellano es Gran Magreb, que también se utiliza para distinguir el Magreb reducido o histórico (Argelia, Marruecos y Túnez) de lo que actualmente se considera Magreb. También se utiliza la expresión Magreb Árabe en el mismo sentido, aunque su significado es confuso ya que da a entender que se contrapone a un Magreb no árabe: en realidad aquí hay que entender Magreb no como nombre propio sino con su significado literal en árabe; así, la traducción exacta de la expresión es Poniente Árabe, esto es, la parte más occidental del Mundo Árabe. Como entidad política, existe la Unión del Magreb Árabe (UMA), que agrupa a todos los países de la zona (el Sáhara Occidental como parte de Marruecos). Por contraposición a Magreb, los movimientos nacionalistas amazigs o bereberes utilizan el término Tamazgha.
Una vez conseguido todo esto, trataron de extender su control al tráfico comercial del
Estrecho de Gibraltar. Para ello declararon la guerra santa a los cristianos y ocuparon sucesivamente las ciudades de Rota, Algeciras y Gibraltar, sitiando Tarifa por primera vez en 1294. También influyeron fuertemente sobre la política del Reino de Granada, donde a partir de 1275 destacaron importantes contingentes de tropas.
Tras una serie de choques con la Corona de
Castilla, su derrota estrepitosa en la Batalla del Salado (1340) a manos de una coalición castellano-portuguesa, marcó su fin en la Península Ibérica. A la muerte de Abu el Hassan, "el Sultán Negro" en 1351, su hijo Abu Inan (que se había rebelado contra él) le sucedió y gobernó siete años más, hasta que fue estrangulado por su propio visir en 1358, tocando la dinastía a su fin. La anarquía se extendió entonces por todo el país y el imperio de los benimerines se fracturó en múltiples reinos pequeños y ciudades-estado, como el Reino de Fez.
BATALLA DEL RIO SALADO. LA PEÑA.
En 1248, una tribu bereber procedente del Sahara, los Beni Merín, aprovechan la debilidad de los almohades e inician la conquista de los territorios norteafricanos en una guerra cuyos hitos más significativos serían la toma de Fez en 1248 y la de Marrakech en 1269. Esta última fecha marca el inicio de la que sería conocida como Dinastía Meriní, la cual ostentaría el poder hasta mediados de 1465. Uno de sus más importantes jefes militares fue Abu-l-Hassán, conocido como "El Sultán Negro", enérgico General que gobernó con mano dura un imperio que abarcaba desde Túnez hasta el océano Atlántico. Su hijo combate en Al-Andalus, y participando en el asedio a Jerez de la Frontera encuentra la muerte. Enterado su padre de la noticia, la ira sustituye a la pena y buscando venganza organiza un ejército con el que se propone derrotar a los reyes peninsulares y extender su imperio por el sur de Europa. Decenas de miles de jinetes y soldados de infantería embarcan en Ceuta rumbo a las costas españolas y un gigantesco campamento se organiza a poca distancia de la ciudad de Tarifa. Al saber del desembarco, Alfonso XI, rey de Castilla, manda tropas que refuercen inmediatamente la ciudad, gobernada a la sazón por don Alonso Fernández Coronel. Entretanto, las tropas del Sultán Negro, el cual había conseguido para su empresa el apoyo de Yusuf, rey nazarí de Granada, cercan la ciudad de Tarifa y la someten a un terrible asedio en el que se emplearon toda clase de máquinas de guerra. Buscando socorrer a los sitiados, Alfonso XI envió a la zona una escuadra con la intención de cortar los suministros que desde África recibía el ejército meriní, pero una fuerte tempestad - una "levantera" de mucho cuidado - destrozó los barcos. Aunque parte de la nobleza castellana abogaba por concertar la paz, prevaleció la opinión del Rey de hacer frente a los sarracenos y, con tal fin, pide ayuda a los reyes de Portugal y Aragón, y el embajador don Juan Martínez de Leiva consigue del Papa una indulgencia plenaria para quienes tomen parte en el combate. Se logra así reunir en Sevilla un ejército de 15.000 jinetes y 25.000 hombres de a pie al que prestaría apoyo desde el mar una escuadra integrada por naves de las flotas castellana y aragonesa. Conocedores de que los defensores de Tarifa están agotando sus últimas fuerzas, la columna acelera la marcha y llega a la zona en apenas tres jornadas de viaje, instalando Alfonso XI su real en el paraje conocido como La Peña, a escasos cinco kilómetros de las murallas de la ciudad. Abu-l-Hassán se apresta rápidamente para la batalla y ordena a su hijo Omar que marche con sus tropas a impedir el paso de los cristianos por el vado norte del río Salado, pero al verse atacado por la caballería castellana, Omar retrocede y estos pueden entrar en Tarifa. El rey Alfonso, seguido del grueso del ejército, busca la desembocadura del río y avanza por la playa dispuesto a enfrentarse con las fuerzas meriníes. Mientras tanto, el rey portugués Alfonso IV, al frente de la caballería de las órdenes militares de Alcántara y Santiago y apoyado por 5.000 infantes, entabla combate con las tropas del rey granadino y, tras enconada lucha, las derrota poniendo en fuga a Yusuf quién, rodeado de su guardia, huye en dirección a Algeciras. Pero las aguerridas fuerzas de Abu-l-Hassán son superiores en número a las del rey Alfonso y estas comienzan a ceder terreno retirándose en desorden. En estos momentos de indecisión cobra especial relevancia la figura del Arzobispo de Toledo don Gil de Albornoz, el cual, asiendo el caballo del rey por las riendas, arengó de tal forma a sus soldados que estos sienten renacer en sus pechos nuevos ánimos y se precipitan sobre las huestes moras con tales bríos que pronto el campo quedó cubierto por miles de cadáveres de sus enemigos. Abu-l-Hassán peleó bravamente pero, en un momento de la batalla, su caballo resulta herido y lo arrastra en su caída; al ver desaparecer al Sultán, el ejército meriní huye en desbandada: los cristianos podían cantar victoria. Las pérdidas musulmanas fueron enormes, abandonando los moros en su precipitada huida armas, bagajes, tesoros e incluso sus esclavos y concubinas. Aunque las cifras de muertos por el bando sarraceno citadas por los cronistas de la época son a todas luces exageradas, lo cierto es que estas debieron ser sumamente cuantiosas pues a resultas de aquella derrota quedó conjurado el peligro de nuevos intentos de invasión. Aquel día del año 1340, los vencedores de la batalla del Salado encontraban en la lujosa tienda de campaña del jefe meriní a dos aterrorizadas jóvenes que suplicaban clemencia al Dios de los cristianos. Se trataba de las hijas de Abu-l-Hassán y el propio Alfonso XI ordenó que fueran devueltas a su padre. Agradecido, el Sultán Negro colmó a la escolta que las acompañaba de valiosos presentes para el monarca castellano.
IBN BATTUTA, UN MERINI SIGNIFICATIVO.
Shams ad-Din Abu Abd Allah Muhammad ibn Muhammad ibn Ibrahim al-Luwati at-Tanyi (en
árabe, شمس الدين أبو عبد الله محمد بن محمد بن إبراهيم اللواتي الطنجي), más conocido como Ibn Battuta (ابن بطوطة), fue un viajero y explorador bereber de Benimerines, nacido en Tánger el 17 de rayab del año 703 de la Hégira, correspondiente al 25 de febrero de 1304, y muerto en 1368 o en 1377.
Ver:
http://diarionacional-jirosende.blogspot.com/2007/07/ibn-battuta-en-su-salsa.html
Es el más conocido de los grandes viajeros árabes: su rihla o periplo por el oriente duró veinte años, que relató con detalle en una crónica dictada al estudioso granadino Ibn Yuzayy, por instigación del sultán de Marinida o Benimerin. Prácticamente todo lo que se sabe de su vida procede de este relato, que aun siendo fantasioso o exagerado en algunos puntos, es el retrato más fiel que existe de la parte del mundo que el viajero recorrió en esa época.
Ibn Battuta es el viajero más célebre, así como su rihla. Tangerino (1304-c. 1368), emprendió viaje en junio de 1325 con intención de realizar la peregrinación a La Meca. Llegó a la ciudad santa tras recorrer todo el norte de África, Egipto, Palestina y Siria, y de ahí volvió a ponerse en marcha recorriendo de nuevo el Iraq, Juzistán, Kurdistán, Tabriz y Fars. Volvió a La Meca y residió en ella por espacio de tres años, para visitar luego el sur de Arabia, regresar a La Meca, emprender viaje a Egipto, Siria, la península de Anatolia, Rusia del sur y finalmente Constantinopla. Tras una estancia en la ciudad bizantina recorre los territorios de la Horda de Oro, dirigiéndose hacia el Este hasta llegar al valle del Indo en septiembre de 1333. Residió en la India y en Maldivas diez años y luego siguió viaje a oriente: Ceilán, Bengala, China... hacia 1347 emprende el camino de regreso y llega a Fez en noviembre de 1349. Hará otros dos viajes: uno a Al-Ándalus y otro hacia el Níger.
Muhammad ibn Battuta inició su viaje con intención de realizar el
hajj o peregrinación a La Meca que constituye uno de los cinco pilares del Islam, y de visitar la tumba de Mahoma en Medina. Partió de Tánger, según su crónica, el 2 de rayab del 725 de la Hégira, 13 de junio de 1325, «solo, sin compañero con cuya amistad solazarme ni caravana a la que adherirme». Tenía entonces 22 años. No volvería hasta 24 años más tarde, después de haber recorrido más de 120.000 kilómetros, de un extremo a otro del mundo musulmán. Una de las versiones traducidas al castellano se ha denominaddo "A través del Islam", 1981.
DE TÁNGER A LA MECA.
Siguió la costa norte de
África, a la que no presta mucha atención en su relato, hasta llegar a Egipto. Existían tres rutas comúnmente usadas para ir a La Meca e Ibn Battuta escogió la menos frecuentada: un viaje Nilo arriba (esto es, hacia el sur) y luego hacia el puerto de Aydab en el Mar Rojo. Sin embargo, una rebelión local le impidió llegar a Aydab, debiendo regresar a la capital egipcia.
De Aydab arranca un periplo por el
País de Sham (Siria y Palestina), que entonces formaba parte de los dominios de la misma dinastía mameluca - la dinastía Bahrí - que gobernaba Egipto. Esto le permitió desplazarse con cierta seguridad, ya que las autoridades mamelucas hacían un especial esfuerzo en mantener segura para los peregrinos la ruta que pasaba por los lugares santos de Hebrón, Belén y Jerusalén.
Tras pasar el mes de
ramadán en Damasco, Ibn Battuta siguió con un viaje caravanero las 800 millas que hay hasta Medina, en cuya mezquita principal está enterrado Mahoma. Luego siguió viaje a La Meca, donde cumplió con los ritos habituales de un peregrino musulmán, adquiriendo el apelativo de hajj («peregrino»). En teoría había cumplido los objetivos de su viaje, pero en lugar de volver a Marruecos decidió acompañar a una caravana de peregrinos procedentes de Iraq e Irán de regreso a sus hogares.