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11 agosto, 2007

HEROES DEL 10 DE AGOSTO I.-


LEVANTAMIENTO FRACASADO DE LAS DERECHAS, EL 10 DE AGOSTO, EN MADRID Y SEVILLA. VERSIÓN REPUBLICANA. EL SOL: VERSION REPUBLICANA.
La madrugada de hoy nos ha traído un suceso emocionante. ¡Por fin! Ha estallado el complot que desde hace meses anunciaban los augures. Complot organizado contra el Gobierno y contra la República. A la hora en que escribimos estas líneas nos llega hasta la Redacción el eco del tiroteo que los guardias de asalto sostienen contra los grupos rebeldes. La información que recibimos es, como acontece siempre en los primeros momentos de todo suceso sensacional, incompleta, apresurada, a ratos incoherente; atiende más a los detalles dramáticos que a las causas profundas del hecho, y apenas permite formar idea de lo que acontece. ¿Quién es el alma del complot? ¿Quién el caudillo? ¿Qué se proponen, concretamente, los conjurados? ¿Cuál es su programa? Informes que no queremos acabar de creer afirman que entre los comprometidos figuran, junto a los monárquicos confesos y convictos, republicanos de esos que vienen dedicándose desde hace algún tiempo a la tarea de socavar los cimientos del Gobierno, a presentarle ante los ojos de la opinión republicana como resumen y compendio de todas las incapacidades, de todos los errores y de las insensateces más inauditas. No lo creemos. Acaso hayan sido auxiliares morales e inconscientes del complot: auxiliares a sabiendas, no puede ser.
Suponemos, de todos modos, que algunos republicanos harán hoy severísimo examen de conciencia. Y no insistimos más sobre este punto porque faltan datos concluyentes, informes precisos acerca de la organización y desarrollo del complot.
Desde luego, si algún acontecimiento inesperado no viniese a complicar la situación, parece seguro, por lo que hasta las cinco de la madrugada está sucediendo, que el movimiento, importante acaso por la intención de los conspiradores, va a reducirse a un episodio menos dramático que la huelga revolucionaria de Sevilla o que la sublevación del Llobregat.
El Gobierno ha movilizado sus fuerzas con rapidez y eficacia extraordinarias, y todos los resortes del mando han funcionado de manera perfecta, hasta el punto de que en no mucho más de una hora todo habrá concluido, a favor del Poder público. Ni por un solo instante abandonó el presidente del Consejo su residencia del palacio de Buenavista, edificio preferentemente amenazado por los conspiradores. El ministro de la Gobernación estuvo en su despacho oficial durante toda la noche.
Se diría que la autoridad se adelantaba mecánicamente a cada una de las maniobras de los conjurados.
El resultado inmediato del suceso de hoy es evidente fortalecimiento del Gobierno en sus posiciones y reagrupación de las fuerzas republicanas.
Lamentemos, puesto que el instante no permite más amplios comentarios, los dolorosos sacrificios con que esta aventura sin nombre se está cerrando, y terminamos esta nota urgente pidiendo al Gobierno, aunque el Gobierno actual no necesita estímulo, que sin vacilación y con la serenidad que tan extraordinarias pruebas viene dando, restablezca el imperio de ley frente a todo y frente a todos. (EL SOL, 10 DE AGOSTO DE 1932).
Desde hace algunas semanas venía el Gobierno recibiendo informes de que elementos calificados como monárquicos preparaban un golpe de mano en Madrid, a fin de apoderase de los centros oficiales que ellos suponían vitales para el Gobierno y para el régimen. Esos informes añadían que en el movimiento habrían de participar militares retirados y, junto a ellos, organizaciones de paisanos. En vista de todo ello, comenzaron a adoptarse medidas policíacas muy rigurosas y secretas, y se estableció cerca de determinadas personas un servicio de vigilancia sumamente estrecho. Tal era el conocimiento que el gobierno tenía de los planes urdidos contra él y contra la República, y de naturaleza tan fuerte la defensa organizada para hacer frente a cualquier eventualidad, que no diremos con complacencia, pero sí veía el Gobierno con absoluta serenidad de ánimo y con la mayor tranquilidad acercarse el momento en que habría de producirse el hecho anunciado.
LOS RUMORES DE ANOCHE.-
En las últimas horas de la tarde de ayer, o mejor dicho, en las primeras horas de la noche, se acentuaron extraordinariamente los rumores concernientes a un golpe de mano contra determinados centros oficiales. En las Redacciones de los periódicos y en los corrillos de los cafés se aseguraba terminantemente que el complot debía estallar en la madrugada de hoy, y hasta se precisaba que el movimiento tendría lugar de cuatro a cinco de la mañana. Es evidente que si esas informaciones habían llegado por vías absolutamente públicas y ostensibles a conocimiento de los periódicos y de los comentaristas desocupados, el Gobierno estaba en posesión de todos los datos relacionados con el complot y, por consiguiente, en condiciones de sofocarlo rápidamente.
LOS EDIFICIOS AMENAZADOS.-
Entre otras cosas, sabía el director general de Seguridad que el movimiento iba encaminado a tomar por asalto el palacio de Buenavista (ministerio de la Guerra), la Dirección General de Seguridad y el Palacio de Comunicaciones.
De acuerdo con estos informes, las fuerzas de asalto quedaron estratégicamente situadas, con órdenes severísimas, de hacer fuego en cuanto vieran acercarse los grupos que debían movilizarse, según la organización del complot. La zona más ocupada por los guardias de asalto fue la que comprende las calles de Prim, Conde de Xiquena, Barquillo, Alcalá, entre Barquillo y la Cibeles, y Recoletos, entre la Cibeles y Prim, o sea toda la que se relaciona con el ministerio de la Guerra.
En las primeras horas de la madrugada el movimiento de fuerzas en la Dirección General de Seguridad era intensísimo.
Los informadores de sucesos tropezaban con grandes dificultades para el cumplimiento de su misión.
No obstante, pudieron averiguar que a las dos de la madrugada salió un carro de guardias de asalto con dirección a la calle de Doña Bárbara de Braganza. Al llegar frente a la casa número 16 de dicha calle subieron al cuarto piso y detuvieron a ocho personas, las cuales fueron inmediatamente trasladadas a la Dirección General y prestaron declaración ante el Jefe superior de Policía.
Entre los detenidos hay tres abogados del Estado, un pintor y el juez de instrucción de Sacedón, provincia de Guadalajara. Parece ser que alguno de los detenidos declaró que se habían reunido para jugar al póker. Pero la Policía sostiene que se trataba de una reunión de carácter político.
A las tres de la mañana, el director de Seguridad, señor Menéndez, recibió a los periodistas y manifestó que, de momento, no podía facilitar los nombres de los detenidos ni las causas de la detención, pues tenía pendientes otros servicios relacionados con el mismo fin.
La actividad máxima era la relacionada con las fuerzas de asalto, que han montado sus armas de tiro rápido por orden del Sr. Menéndez. El edificio de la Dirección está completamente acordonado. A las tres y media salió otro camión de guardias de asalto con dirección desconocida. Poco después llegaba en un automóvil, acompañado de dos agentes, un capitán del Ejército, al parecer, detenido.
En el palacio de Comunicaciones se desarrollaron durante la madrugada de hoy los sucesos de que ya tiene el lector noticia escueta, de la manera siguiente: A las cuatro de la mañana, aproximadamente, penetró en Correos un teniente coronel; poco después llegó un comandante, y un minuto más tarde hizo acto de presencia un capitán. Todos iban de uniforme. Los tres fingieron no conocerse. El teniente coronel se encaminó a la ventanilla como si fuese a depositar un telegrama, y los otros dos se dirigieron al escritorio. El guardia civil de servicio advirtió que se miraban y que hacían señas. En esto entró un alférez de Marina que traía en la mano una pistola. Observó el guardia civil que los cuatro militares se movían como tratando de envolverle, y entonces intentó retroceder hacia la pared; pero le cortó el paso un coronel, también de uniforme, que en aquel momento había entrado, y entre coronel y guardia civil se entabló el siguiente diálogo:
Coronel.- Póngase usted a mis órdenes inmediatamente.
Guardia civil.- No recibo órdenes sino de Jefes de mi Cuerpo.
Coronel.- Es que traemos órdenes de Jefes de su Cuerpo para que me obedezca usted. Guardia civil.- Si esa orden no viene por escrito, no la acato. Coronel.- ¿Quién tiene aquí al mando?
Guardia civil.- Un cabo.
Coronel.- ¿Dónde está ese cabo?
Guardia civil.- Durmiendo.
En ese instante entraron dos comandantes y preguntaron al guardia civil acerca de la sala de aparatos. El guardia les contestó que no podía decirles dónde se hallaba. El coronel insistió, diciendo:
Coronel.- Le digo que se ponga usted a mis órdenes.
Guardia civil.- Le digo que no obedezco otras órdenes que la de jefes de mi Cuerpo.
Coronel.- Pues ahora vendrá su capitán.
Guardia civil.- Pues cuando venga, ya veremos.
Al llegar a este punto el diálogo, el guardia se vio casi cercado, y entonces se echó hacia atrás y encañonó al grupo con el máuser. Su compañero, que prestaba servicio en la puerta, al darse cuenta de lo que sucedía, se echó también el fusil a la cara y apuntó hacia el grupo. Estado en esta situación, el guardia que había sostenido el diálogo ordenó a un repartidor de Telégrafos que cacheara a los conspiradores. Este repartidor se llama Andrés Vázquez. Los oficiales no admitieron el cacheo y tiraron las armas al suelo. Entonces se oyó fuera del palacio de Comunicaciones un tiroteo verdaderamente alarmante. Entraron en el vestíbulo dos parejas más de la guardia Civil. A medida que el tiroteo se intensificaba, llegaban de Recoletos grupos de conspiradores empujados por los guardias de asalto.
Los jefes que habían entrado en el primer momento en Correos no hicieron el menor ademán de disparar.

HEROES DEL DIEZ DE AGOSTO II.-







DOS MUERTOS EN RECOLETOS.-
Confirmando noticias anteriores podemos decir que en el primer andén de la derecha del paseo de Recoletos, junto al tercer árbol, cayó muerto un alférez de complemento del Cuerpo Jurídico Militar. En el mismo andén, junto al séptimo árbol, cayó muerto un picador de Caballería, y junto a él, herida de bala y en estado gravísimo, fue recogida otra persona que aún no ha sido identificada.
El cadáver del alférez fue llevado al vestíbulo de Correos. Tiene una herida de bala en la cabeza. El guardia civil que mantuvo el diálogo con el coronel se llama Ascasio López, y su compañero, Angel del Val. La primera pareja que entró a auxiliarles estaba formada por los guardias Ildefonso Fernández y Aticino Bueno.
MÁS GUARDIAS DE ASALTO HERIDOS.-
Además de los guardias de asalto que han sido asistidos en la Casa de Socorro del Hospicio, se sabe que están heridos de bala los guardias Emilio Cordero, José Gea Sánchez y Enrique Villacañas.
EL DIRECTOR GENERAL DE SEGURIDAD, EN EL TIROTEO. MENOS LOBOS...
Como nota de información podemos decir que cuando se inició el tiroteo en la calle del Conde de Xiquena, el director general de Seguridad, señor Menéndez, se puso a la cabeza de los guardias de asalto y fue el primero en hacer fuego con un rifle.
TRASLADO DE DETENIDOS.
A las seis y media de la mañana han llegado a la Dirección General de Seguridad de veinte a treinta paisanos detenidos en el palacio de Comunicaciones. El jefe superior de Policía procede a tomar las primeras declaraciones.
AL CIERRE DE NUESTRA EDICIÓN.
En la necesidad de cerrar la edición, pues el gobernador civil de Madrid nos comunica que no se permitirán ediciones extraordinarias, resumiremos las noticias que llegan hasta nosotros:
- Al alférez muerto se le ha ocupado una pistola ametralladora.
- Entre los militares detenidos figuran el general Fernández Pérez y el teniente coronel Ugarte.
- Hay heridos, como consecuencia de los sucesos, en las Casas de Socorro del Hospicio y de los Cuatro Caminos y en el Equipo Quirúrgico.
- Los escasísimos soldados que fueron arrastrados al movimiento pertenecen a la Remonta.
- El número de detenidos hasta ahora es, aproximadamente, de doscientos.
LA ACTITUD DEL SEÑOR MENÉNDEZ.
Inmediatamente después de ocurridos los sucesos en la calle del Conde de Xiquena, el director general de Seguridad se dirigió al ministerio de la Guerra para visitar al Sr. Azaña. Cuando subía la escalera principal fue avisado de que acababa de llegar a la Cibeles una camioneta con fuerzas de Caballería al mando de un teniente y un alférez. Inmediatamente, el director general de Seguridad bajó y ordenó al teniente coronel Sr. Panguas que conminara al teniente que mandaba las fuerzas de la camioneta para que se presentara en el ministerio de la Guerra y explicara su presencia en aquel lugar. El Sr. Panguas cumplimentó la orden, pero el teniente le replicó que no podía explicar su permanencia allí.
Entonces el director general de Seguridad se dirigió personalmente a la Cibeles, requiriendo al oficial nuevamente para que explicara la razón de su presencia y en virtud de qué órdenes se encontraba allí.
- No puedo decirlo replicó el teniente-. Estoy aquí por razones que no puedo comunicar a usted.
- Pues tengo orden de que usted se presente al ministro de la Guerra.
TEXTO DEL MANIFIESTO DEL GENERAL SANJURJO.
Huelva, 10 (12 n.).- Se conoce el texto del manifiesto que, firmado por el general Sanjurjo, ha sido repartido profusamente por Sevilla. En él se dice:
"Españoles: Surge de las entrañas sociales un profundo clamor popular que demanda justicia y nos mueve a procurarla. No hay atentado que no se haya cometido, abuso que no se haya perpetrado ni inmoralidad que no haya descendido a todos los órdenes de la Administración pública, para provecho o para el despilfarro escandaloso. La fuerza ha sustituido al derecho, la arbitrariedad a la ley, la licencia a la disciplina. La violencia se ha erigido en autoridad y la obediencia se ha rebajado a la sumisión. La incapacidad se impone donde la competencia se exhibía. El despotismo hace veces de valor y de honor de la desvergüenza. Ni los braceros del campo, ni los propietarios, ni los patronos, ni los obreros, ni los capitalistas que trabajan, ni los trabajadores ocupados o en huelga forzosa, ni el productor, ni el artesano, ni el empleado, ni los militares, ni los eclesiásticos, nadie siente la interior satisfacción de la tranquilidad de una vida pública jurídicamente ordenada, la seguridad de un patrimonio legítimamente adquirido. La inviolabilidad del hogar sagrado, la plenitud de vivir en el seno de una nación civilizada; de todo este desastre brota espontáneamente la rebelión de las almas que viven sin esperanza.
"No nos impresiona la emoción de la violencia dimanante del dramatismo de un levantamiento para el triunfo del pueblo. Las angustias del país nos emocionan profundamente. La revolución será siempre un crimen o una locura dondequiera que prevalezca la justicia y el derecho, pero no es justicia ni derecho donde prevalezca la tiranía, medios justificativos que copiamos de la revolución que se hizo en abril de 1931. Momentos mucho más desdichados que aquéllos fueron otros de año y medio de sectarismo tiránico de la economía nacional, que ha sufrido el quebranto de miles de millones; se ha hecho mofa y escarnio en el Parlamento de lo más fuertemente arraigado en la mayoría de los españoles; se han destrozado los organismos de defensa e insultado groseramente a los cuerpos armados; ha aumentado la criminalidad de modo alarmante. El parao forzoso, extendido en proporciones aterradoras, tiene en la miseria a muchos miles de obreros. No se ha tenido en varios meses ni un día de sosiego y tranquilidad, con el sobresalto constante del incendio, huelgas revolucionarias, robos, atracos y amenazas. Las leyes de excepción nos privan más que nunca de los derechos ciudadanos, y por si estos y otros males fueran pocos, se han alentado imprudentemente los sentimientos de varias regiones y envenenado aspiraciones que podían ser legítimas en su origen, poniendo en peligro inminente la integridad de España.
"Por amor a España y por imperativos de nuestra conciencia y nuestro deber, que nos obliga a salvarla de la ruina, de la iniquidad y de la desmembración, aceptamos desde este momento la responsabilidad de la gobernación del país y asumimos todas las funciones del poder público con el carácter de Junta provisional. Las Cortes, que eran ilegítimas en su origen por el régimen de terror en que fueron convocadas y erigidas, y facciosas por la prorrogación de sus funciones a extremos ni siguiera consignados en su propia convocatoria, han sido disueltas. No venimos, sin embargo, a imponer un régimen político contra la República, sino a libertar a España de la alarma, que sólo en un año ha ocasionado daños tan gravísimos en lo material y en lo moral. La forma en que los Poderes del Estado han de organizarse se determinará por la representación legítima de todos los ciudadanos designados en elecciones que se celebrarán en un régimen de libertad, sin amenazas ni coacciones que impidan manifestarse libremente la voluntad individual de los electores.
"Para ello es preciso, ante todo, que la paz y la disciplina sociales se restablezcan en beneficio de todas las clases y no en el de una sola de ellas, de modo que los actos políticos de todas las tendencias puedan celebrarse en un ambiente de tolerancia y de respeto mutuo, sin que las gentes pacíficas se vean amenazadas, como en el último simulacro de elecciones, por bandas de forajidos.
"Los poderes que esta Junta provisional asume durarán el tiempo indispensable para restablecer la disciplina, postulado esencial previo para la legitimidad de cualquier Parlamente que la nación elija; pero durante ese período de restauración de la paz pública será inexorable en la persecución de cuantos aspiren a reproducir los métodos de terrorismo a que acabamos de poner término, y sobre todo de cuantos estén al servicio de los organizaciones extranjeras, cuyo fin esencial es el de introducir y fomentar la discordia interna en las naciones, organizaciones que por lo que aquí respecta quedan desde este momento declaradas fuera de la ley.
"España necesita de todos sus hijos, y a todos hace un llamamiento apremiante para que con fe y energía nos ayuden y alienten en nuestra obra de reconstrucción, y, sobre todo, truequen en amor el odio que estimula la innoble lucha de clases que convierte las relaciones económicas entre obreros y patronos en una lucha más propia de pueblos y tiempos bárbaros que de una nación civilizada.
»Intelectuales, técnicos y funcionarios de todo orden: poned a contribución de la hermosa obra que nos proponemos vuestra inteligencia, conocimiento y honrado trabajo, origen de ideas salvadoras, provechosas iniciativas y rendimientos admirables. A todos, repetimos, requerimos para que cooperen a dotar a España de instituciones estables, a instaurar la paz interior desaparecida, a reconstituir su economía sobre la base de la estricta justicia social, sin la que no hay dicha verdadera; a imponer la libertad, que respeta todos los derechos legítimos, reconoce y acata las justas jerarquías y hace cumplir todos los deberes naturales y sociales.
"Sólo a estos fines responderán los decretos de la Junta provisional, y para ello requiere la colaboración de todos los ciudadanos. La cordialidad con que pide y espera su concurso le autoriza, si se produjera cualquier intento perturbador, para reprimirlo de un modo severo.
"¡Viva España y viva la soberanía nacional!"
FOTOGRAFIAS.
LA ESPAÑA DE ENTONCES.
1.- Manifestación de sufragistas.
2.- Manifestación pidiendo a San Antonio, un novio. En algunos casos, se comprende la necesidad de la intercesión del Santo, "gran figura" para Dominguín padre.
3.- Luchadoras del Circo Price. Jindama por doquier.
4.- Lavaderos públicos en el río Manzanares. ¿Qué hacían los Borbones aparte de fornicar?
5.- Fusilamiento del General Fanjul - pocos años después - tras fracasar en Madrid. Se "encerró" en el Cuartel de La Montaña; debió salir y "barrer" a la chusma.
6.- Casimiro Municio, verdugo de Madrid, que se relamía de gusto en público, pensando en ajusticiar al General Sanjurjo. No sobrevivió a la Guerra Civil. Justo y necesario.
7.- Portada de una biografía escrita por su sobrino.

HEROES DEL DIEZ DE AGOSTO III.-


EL SOL, 11 DE AGOSTO DE 1932. BANDO DE GUERRA EN SEVILLA (10 DE AGOSTO DE 1932).
Lo redactó el señor – Teniente Coronel, pichita - García de la Herrán, y decía así: "El excelentísimo señor general don José Sanjurjo y Sacanell, teniente general de los Ejército, hago saber: Queda declarado el estado de guerra en toda la región andaluza con las consecuencias que dicho estado lleva consigo. Como capitán general de Andalucía, asumo el mando, concentrando en mi autoridad todos los poderes. Así como Dios me permitió llevar el Ejército español a la victoria en los campos africanos, ahorrando el derramamiento de sangre moza, confío en que también hoy me será permitido con mi actitud llevar la tranquilidad a muchos hogares humildes, y la paz a todos los espíritus. ¡Viva España única e inmortal!
Sevilla, 10 de agosto de 1932"
(ARRARAS: Historia de la segunda República española, t. I, pág. 464.)
SE RESTABLECE LA NORMALIDAD EN SEVILLA, Y EL GENERAL SANJURJO DESAPARECE DE LA CIUDAD.
A las tres y media de la madrugada facilitaron en el ministerio de la Gobernación informes a la Prensa en el sentido de que la situación militar de Sevilla había quedado liquidada y terminada la sublevación. Los primeros síntomas de que los sublevados renunciaban a mantenerse en su actitud se tuvieron en el ministerio de la gobernación por el restablecimiento de la comunicación telegráfica en primer término, y luego de la telefónica. Era que las fuerzas militares que guardaban los dos centros de comunicación principales de Sevilla se retiraban, y todo volvía a la normalidad.
La guarnición, con todos sus jefes y oficiales, se ha presentado a las autoridades para hacer protestas de su adhesión.
El general Sanjurjo ha desaparecido, sin que se sepa en este momento dónde se encuentra. El general Gonzáles, general de la división de Sevilla, ha vuelto a hacerse cargo del mando de las tropas. El episodio sevillano puede darse, pues, por absolutamente acabado.
EL GENERAL SANJURJO, DETENIDO.
A las cinco y media de la mañana se nos comunica del ministerio de la Gobernación que el general Sanjurjo ha sido detenido.
INCENDIADO EL CÍRCULO DE LABRADORES DE SEVILLA. COMO NO.
A las cuatro de la madrugada estuvo uno de nuestros redactores en el ministerio de la Gobernación y habló con el subsecretario de Comunicaciones y el director de Administración local. Estos confirmaron la desaparición del general Sanjurjo, al que acompañaba el general Arranz, que fue el que ayer se apoderó de la Comandancia Militar y detuvo al jefe de la división, general González.
Añadieron que el gobernador civil había tomado de nuevo el mando de la provincia. Los hechos se han producido alrededor de la uno y media de la madrugada.
Según las últimas noticias recibidas de Sevilla, esta madrugada un grupo de manifestantes que pasaba frente al Círculo de Labradores lo ha incendiado. (El Sol, 10 de agosto de 1932).
SENTENCIA DEL 25 DE AGOSTO DE 1932 CONTRA EL GENERAL SANJURJO.
"Fallamos que debemos condenar y condenamos al procesado teniente general don José Sanjurjo Sacanell a la pena de muerte, con las accesorias, en caso de indulto, de inhabilitación absoluta perpetua y pérdida de empleo, como responsable en concepto de autor de un delito consumado de rebelión militar, previsto en el artículo 237, número 1.º del Código de Justicia Militar, y castigado en el número 1.º del artículo 238 del propio Código; al procesado general de brigada don Miguel García de Herrán, a la pena de reclusión perpetua, con iguales accesorias, como autor del mismo delito de rebelión, y en calidad de adherido a la misma, delito que sanciona el número 2.º del artículo 238 de la ley citada; al procesado teniente coronel de Estado Mayor don Emilio Esteban Infantes, a la pena de doce años y un día de reclusión temporal, con las accesorias de inhabilitación absoluta temporal en toda su extensión y pérdida de empleo, como auxiliar del mismo delito, que castiga el párrafo 1.º del artículo 240 del repetido Código, y se absuelve al capitán de infantería don Justo Sanjurjo y Jiménez Peña. Abónese al general García de la Herrán y al teniente coronel Esteban Infantes la mitad del tiempo de prisión preventiva sufrida, y no ha lugar en este momento a determinar la cuantía de la indemnización de perjuicios debida al Estado y a los particulares por razón del delito cometido, hasta tanto que no se fije oportunamente en el juicio ordinario que al efecto se instruye por los hechos que se relacionan con la presente causa. Procésase al comiso de las armas ocupadas a los reos, devolviéndose al capitán don Justo Sanjurjo la pistola de su pertenencia. Póngase esta sentencia en conocimiento del gobierno, y espérese al enterado del mismo para proceder a su ejecución, teniendo en cuenta lo prevenido en el artículo 10 del Decreto-ley de 2 de junio de 1931, que modifica en este punto el párrafo 2.º del artículo 662 del Código de Justicia Militar. Líbrense testimonios de los particulares obrantes en esta causa referentes a la existencia del complot que produjo el alzamiento y las ramificaciones de éste, a fin de que surtan sus efectos en la pieza separada de la misma y en las actuaciones mandadas instruir a consecuencia de los sucesos ocurridos en Madrid el día 10 del actual. Así, por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e insertará en la Colección Legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos."
(ARRARAS: Historia de la segunda República española, t. I pág. 491.)
EL PRONUNCIMIENTO VISTO DESDE CADIZ.
INTRODUCCION.

Han transcurrido 70 años del primer intento de derrocamiento de la 2ª República, que junto a la fracasada revolución de octubre de 1934, contribuyó a cimentar la tragedia de la Guerra Civil que durante tres años asoló España. No se puede entender lo acontecido el 18 de julio de 1936 sin abordar aquel caluroso 10 de agosto de 1932, en el que Cádiz tuvo un papel muy diferente del que muchos pensaron. A las tres de la madrugada de aquel día, se proclamaba desde Sevilla, el bando de guerra.
En Cádiz estaban entonces de guarnición el Regimiento de Infantería nº 27 y el Regimiento de Artillería de Costa nº 1, encontrándose mandado el primero de ellos desde mayo de 1930 por el bilaureado coronel José Enrique Varela Iglesias, considerado incondicional de Sanjurjo, mientras que el segundo lo era por el coronel Felipe Iracheta Mascort. Casi nadie dudaba, y mucho menos el gobierno de la República, que si Sanjurjo se sublevaba, Varela le secundaría, sacando también sus tropas a las calles de Cádiz. Sin embargo aquello no sucedió. ¿Qué es lo que de verdad pasó? El contenido del "Archivo General Varela", y en especial su diario manuscrito, despeja siete décadas después bastantes incógnitas de lo que hasta ahora nunca se había escrito sobre lo ocurrido aquellos días en nuestra ciudad. Efectivamente Varela era un hombre que sentía una profunda admiración, afecto y respeto por quien había sido su comandante general en Melilla y desde luego Sanjurjo contaba con él y con su regimiento para el 10 de agosto, pero los hechos no sucedieron así. Sentimientos contradictorios surgieron en Varela. Su diario personal dejaría posteriormente constancia de ello: "La intención habrá sido equivocada, pero la buena fe y el valor (de Sanjurjo y sus colaboradores) son indiscutibles". Días antes Varela había recibido una llamada telefónica de una emisaria, la señorita Concha de Rivelles, que lo citó a medianoche en el parque Genovés, siendo su ayudante, el teniente Juan Riaño Castro, el único testigo. En idéntico sentido Varela recibió en su propio despacho a otro emisario de Sanjurjo, el teniente de la Guardia Civil Felipe Palma Hidalgo. Sin embargo, al igual que otros mandos de diferentes guarniciones que igualmente fueron sondeados, no se adhirió a la sublevación.
EL 10 DE AGOSTO DE 1932 EN CÁDIZ.
Al conocerse en Cádiz a las seis de la mañana por Joaquín García Labella, gobernador civil de la provincia, las primeras acciones de los conspiradores en Madrid y Sevilla, el general de brigada Julio Mena Zueco, comandante militar de la plaza, ordenó la inmediata comparecencia en su despacho de los dos jefes de regimiento así como el acuartelamiento de las tropas. Una vez presentes ambos, les comunicó que acababa de hablar telefónicamente con el ministro de la Guerra, Manual Azaña Díaz, quien le había informado que Sanjurjo, antiguo director general de la Guardia Civil y actual de Carabineros, era el cabecilla, confirmándose dicha noticia al recibirse una llamada del teniente coronel Manuel Ristori Guerra de la Vega, jefe del estado mayor de la 2ª División de Sevilla, afirmando que "en la acera de enfrente estaba Sanjurjo con la Guardia Civil". Al regresar Varela a su regimiento con la orden de preparar un batallón para unirse a las fuerzas que iban a salir para sofocar la sublevación de Sevilla, que había saboteado el enlace ferroviario con Cádiz, se encontró con su amigo Manuel Muñoz Martínez, diputado gaditano radical-socialista y comandante retirado de Infantería, manteniendo una larga charla sobre los graves sucesos que estaban aconteciendo y manifestando el político su confianza en que el bilaureado militar no se uniría a la sublevación. Incluso le invitó a que se presentara en el gobierno civil para demostrar así públicamente su adhesión republicana. Varela si bien le aseguró que no pensaba alzarse rehusó tal ofrecimiento ya que él dependía directamente del general Mena y aquello podía provocar malentendidos no deseables y mucho menos en esos momentos. Por la tarde llegó a Cádiz procedente de Algeciras el Regimiento de Infantería nº 15 con su jefe al frente, el coronel Luís Martín de Pinillos Blanco de Bustamante, para formar parte de la columna que debía reducir a los sediciosos. Sin embargo ya para entonces la suerte estaba echada y habían fracasado. Esperaban un golpe incruento de rápida adhesión militar y la sangre derramada en Madrid, la pasividad de las guarniciones y la enérgica reacción del gobierno de la República, acabaron con sus planes, huyendo Sanjurjo hacia Portugal por Huelva donde fue detenido.
FOTOGRAFIAS.
1.- Al General García de la Herran, no le dio tiempo a cambiarse.
2.- Muchos años después D. Emilio Esteban Infantes - ya General - en la División Azul.

HEROES DEL DIEZ DE AGOSTO IV.-




DETENCIONES Y ENCARCELAMIENTOS.
A la mañana siguiente entraron en Cádiz las fuerzas del Grupo de Regulares nº 3 que habían salido el día anterior de Ceuta para integrar la columna hacia Sevilla bajo el mando del general Mena, yendo enseguida sus oficiales a saludar efusivamente a Varela, su admirado jefe en las campañas de Marruecos. Sin embargo sobre las cinco y media de la tarde el coronel Martín de Pinillos se presentó ante Varela con una orden del ministerio de la Guerra: "Lamento darle una mala noticia". Azaña le cesaba en el mando del regimiento quedando en situación de disponible. El bilaureado militar acató disciplinadamente la orden y entregó su unidad al teniente coronel Ernesto Marina Arias, quien por ordenanza le correspondía, retirándose seguidamente a su pabellón. Casi tres horas después acudió apesadumbrado a verle el teniente coronel Joaquín Fernández Trujillo, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil, con otra orden del ministerio: "Proceda a la busca y captura del Excmo. Sr. Coronel Varela y una vez detenido que ingrese en el Castillo de Santa Catalina". Cuando minutos después Varela ingresó en la prisión militar gaditana se encontró que allí ya estaban detenidos el general de Caballería retirado Francisco Merry Ponce de León y dos jefes de la Guardia Civil, el coronel Arturo Roldán Trápaga y el teniente coronel Pedro Romero Basart. Estos eran los mandos del 28º Tercio del Instituto, con cabecera en Jerez de la Frontera, cuya fuerza había sido la única que se había unido inicialmente a la sublevación en la provincia de Cádiz, habiendo llegado a ocupar incluso el ayuntamiento y detener a su alcalde y varios concejales. De madrugada ingresaron nuevos detenidos, esta vez procedentes de Sevilla: Se trataban del hijo y del ayudante personal del propio Sanjurjo, el capitán de Infantería Justo Sanjurjo Jiménez-Peña y el teniente coronel de Estado Mayor Emilio Esteban-Infantes Martín, así como el general de brigada de Ingenieros en situación de primera reserva, Miguel García de la Herrán, segundo jefe de la sublevación sevillana, quedando todos incomunicados en celdas diferentes. El día 13 fueron conducidos a Madrid, García de la Herrán, Esteban-Infantes y el hijo de Sanjurjo para ser juzgados, permaneciendo incomunicados el resto. Mientras tanto en Cádiz el juez de instrucción Juan García Murga, cumplimentando un exhorto del magistrado Dimas Camarero, delegado especial de la Sala de Justicia Militar del Tribunal Supremo, empezó a tomar manifestación a los detenidos y les comunicó su procesamiento, siendo Varela asistido en calidad de defensor por el capitán de Artillería Julio Ramos Hermoso.
El 25 de agosto, fecha en que Sanjurjo era condenado en juicio sumarísimo por el delito de rebelión militar junto a sus más directos colaboradores, se levantó la incomunicación a Varela, siendo trasladado por el comandante de la Guardia Civil José Romero Fialo hasta Sevilla, en automóvil "con el fin de evitar publicidad", en donde se encontraban otros implicados en la trama golpista.
Horas antes había sido interrogado sobre si había animado a sublevarse a los comandantes de Infantería Antonio Vega Montes de Oca y Apolo Ruiz Marset así como si había participado en unas reuniones secretas en el domicilio gaditano de Ramón de Carranza, contestando negativamente si bien reafirmó la buena amistad que mantenía con el antiguo alcalde de la ciudad.
El castillo de Santa Catalina no obstante volvió a custodiar a algunos de los condenados por dicha sublevación. Incluso su promotor, el propio general Sanjurjo, cumplió parte de su condena entre sus muros, tras ser trasladado bajo escolta policial el 6 de enero de 1934 por el comisario jefe de la División Social Telmo Almellones, desde el penal cántabro de El Dueso.
VARELA ABSUELTO Y CONSPIRADOR.
El 12 de diciembre Varela pasó a la cárcel central de Guadalajara y el 14 de febrero de 1933 fue puesto en libertad por sobreseimiento provisional de su causa, quedando en situación de disponible. Casi un año después, como consecuencia de su brillante expediente militar se incorporó, no sin polémica y reticencias de algunos sectores, a la Escuela Superior de Guerra para asistir al curso de ascenso a general, obteniendo el primer puesto de su promoción. El 9 de noviembre de 1934 se recibió en el Ministerio de la Guerra el testimonio judicial que le exoneró definitivamente de responsabilidad penal por la "Sanjurjada", siendo finalmente ascendido el 30 de octubre del año siguiente a general de brigada, si bien la República nunca volvió a darle un destino. Sin embargo ya para entonces Varela, que sufrió injustamente prisión por los sucesos de 1932, si se había convertido en esta ocasión en un conspirador contra la República y en el verdadero hombre de Sanjurjo -exiliado en Portugal- para una nueva conjura militar. Durante el periodo carcelario, en el que se volvió profundamente crítico contra el sistema, contactó con numerosos militares antirrepublicanos y destacados miembros del Requeté, también presos, llegando incluso a redactar sus ordenanzas castrenses. Su camino para liderar la sublevación gaditana del 18 de julio de 1936 había comenzado al día siguiente de fracasar la "Sanjurjada" y se forjó en los meses de prisión que siguieron a continuación. ¿Qué hubiera pasado si Varela sólo hubiera sido cesado y no detenido y encarcelado en 1932? Tal vez no hubieran cambiado mucho los acontecimientos históricos, pero lo cierto es que a partir de entonces el militar gaditano quedó estigmatizado por la República. Cuando tras la frustrada intentona golpista madrileña del 19 de abril de 1936 fue confinado en Cádiz, su relevo en la conspiración fue el general de brigada de Infantería Emilio Mola Vidal, quien sería conocido en la preparación de la sublevación militar del 18 de julio como "El Director". Éste a su vez dio entrada en el grupo de generales conspiradores a dos hombres que Varela no quiso incorporar y que sin embargo tuvieron un peso específico en el alzamiento: Gonzalo Queipo de Llano Sierra, Inspector General de Carabineros y Miguel Cabanellas Ferrer, jefe de la 5ª División Orgánica de Zaragoza.
Setenta años después, queda mucha historia por escribir.
Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el "DIARIO DE CADIZ" del 11 de agosto de 2002.
JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA, DESDE LA CÁRCEL.
Desde la cárcel Modelo de Madrid, donde se hallaban incomunicados, José Antonio y Miguel Primo de Rivera elevaron un escrito al juez, el 19 de agosto de 1932, en demanda de justicia. No se les había dicho el motivo de su detención. José Antonio se hallaba desde el día 5 de agosto en San Sebastián y el día 11 se trasladó a Irún para recibir el cadáver de la duquesa de Fernán Núñez, fallecida en Berlín. Al regresar de la estación, la Policía le detuvo, y acto seguido fue conducido a Madrid. Miguel se encontraba desde el 16 de julio en Jerez de la Frontera y desde allí se había trasladado a San Sebastián, donde, a su llegada, fue detenido. "Los autores de estas líneas –se dice en el escrito autógrafo de José Antonio, dirigido al Juzgado especial, que figura en el sumario instruido por los sucesos del 10 de agosto – eran totalmente ajenos al Movimiento. Es absurdo que, estando complicados en él, y dadas su juventud y su significado familiar, hubieran dejado que los colegas de conspiración arrostraran todos los peligros del combate que se desarrolló aquella madrugada, mientras ellos gozaban de su veraneo. Por otra parte, si les quisiera alguien suponer a tal extremo precavidos, era mucho más lógico haber esperado noticias al otro lado de la frontera (uno pasó a Francia la víspera del Movimiento; el otro estaba a pocos kilómetros de Gibraltar) que no dejarse prender inocentemente después del fracaso. Además, ni el uno iba a pasar en el tren la noche de los acontecimientos, ni uno y otro iban a exhibirse al otro día de frustrarse la intentona en sitios tan visibles como el hotel Continental, de San Sebastián, y la estación de Irún durante un traslado fúnebre muy notorio y concurrido. Por último, no dejará de pesar en el ánimo del Juzgado esta consideración: don Fernando Primo de Rivera, oficial aviador, hermano de los firmantes, estuvo de guardia en el aeródromo de Getafe en la noche de los sucesos, y ha sido públicamente ensalzado por la puntualidad con que cumplió las órdenes superiores; y es inadmisible que una familia, unida hasta el punto de que todos los hermanos, no obstante ser huérfanos de padre y madre y mayores de edad, viven en la misma casa, se hubieran dividido en dos bandos en trance tan serio como la rebelión del día 10".
FRANCO EL DIEZ DE AGOSTO DE 1932.
Cuentan que la obsesión de Azaña, era conocer el paradero – y la actitud – de Franco, a la sazón General de Brigada destinado en La Coruña – entonces se denominaba “así” – y que pasó el día trabajando normalmente.
Con posterioridad, Sanjurjo lo llamó al Penal del Dueso, ya que deseaba solicitar que actuase como su defensor en el Consejo de Guerra que se avecinaba. Franco le dijo: “Mi General, cuando un militar se subleva y fracasa, se ha ganado el derecho a morir”.
Sanjurjo, buscó otro defensor.
Profesor La Cierva.
FOTOGRAFIAS:
1.- Sanjurjo, a la salida de una de las sesiones del Consejo de Guerra, en las Salesas, Madrid.
2.- Franco, en Noviembre de 1932, en La Coruña, con Azaña. Muy serio.
3 y 4.- El bilaureado General Varela.