01 abril, 2007

LA MALAYA TERESIANA

Es curioso como se descubren los muertos en los armarios. Por el olor, o por el dolor.
Huelen, y se sabe de donde viene el olor que impregna al sospechoso. Se duelen los perjudicados, los abandonados, los no engrasados y los que quieren colocarse en el privilegiado lugar del enterrador. No es que los hayan enterrado mal, es que el rastro, la huella, la roja sangre y el potro de tortura, son muy difíciles de borrar, de eliminar por completo.”La pasta deja pistas”. Y, aunque vengan equipos de limpieza foráneos y con sus artilugios sofisticados y sus productos químicos especiales como los de las “pelis” de Tarantino, y se les dé certificado de “legalidad” a la inmoralidad, y de “normalidad” a la ética perdida, o de “se hizo por nuestro bien”, siempre llega un Grissom y sus CSI´s para aplicar la técnica del ultravioleta y explicar a los asombrados “seres humanos normales”, como sucedieron los hechos, dejando “estupendos” por estupefactos, a los mas firmes defensores de nuestros idolatrados cabecillas. Ya no quieren pasar a estatuas de próceres en parques públicos, sino a encabezar la lista local de la “Forbes”, ahora en Euros, de su entorno. Presumiendo además de ser intuitivos, inteligentes, grandes visionarios, hombres de negocios avispados y de alta competencia. Esto es lo peor, por el ejemplo que dan a los que creían que el esfuerzo, el “fair play”, la tenacidad, la dedicación al trabajo y el escrupuloso respeto a la legalidad, eran los caminos para prosperar en la vida. No el torcimiento, la complicidad, el privilegio, la quiebra de voluntades, el cambio de normativas y de reglas del juego, en definitiva “el pelotazo”, pero solo para ellos. En esto, como en todo, lo que no sea para todos no debería ser para nadie. Se imaginan una “teresita popular”. Miles de canarios con una participación del negocio playero, o del aeronáutico, o del ecológico-eólico, o del “comunication business”, o de las “grandes superficies”, y así hasta el infinito. Que fueran de todos nosotros y se repartiera entre muchos y que llegaran los beneficios a todos al estar bien distribuido. O es que siempre solo los mismos, se colocan en los sitios clavel no compran ni un metro mas de lo que se va a recalificar, en un alarde de anticipación por sus dotes naturales de adivinos, como supermanes de alta visión, oído y olfato. Y siempre ciertas entidades financieras, e incluso pagadurías no privadas, que parecían ser de todos, a estos “X-men” superdotados, les eximen, de los tramites, requisitos y garantías que exigen y acogotan a los demás humanos, porque son sabedoras de estas especiales características que adornan a estos elegidos en los que y a quienes se confía el dinero, en enormes cantidades, con solo su conocida solvencia, aunque sin garantía alguna, saltándose los habituales controles y la mas absoluta prudencia o cautela.
Deberían, para que sus hijos naturales y políticos se dignificaran, y pudieran llevar con decoro la cabeza en su sitio, y no mas abajo de las rodillas, como quedaran para siempre, confesar lo que sospechamos, lo que sabemos y sobre todo, lo que no sabemos. Porque esto es como en los accidentes que provoca un terrorista un loco o un inconsciente, además del hecho puro y duro, dejan un reguero de particulares, familiares, padres sin hijos, discapacitados, afectados psíquicos y un largo cúmulo de afectados con secuelas casi eternas, y que algunos recordaran siempre para mofa, befa chicha y cuchufleta del entorno de los “Malayos”, cuando el dolor haya pasado y solo quede el rencor, el desprecio y la leyenda.
A reflexionar.
L. Soriano

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