12 julio, 2007

UNA OPERACIÓN DE MANUAL.







ROMEO SIERRA.
Gila hubiera bromeado con la forma de ocupación, por parte de una docena de gendarmes marroquíes en camiseta, de un peñasco con un nombre tan chusco. Pero seguramente le hubiera parecido más serio lo que pudiéramos llamar contraataque español. Ni precipitado ni tardío. Naturalmente, no hacía falta tal despliegue de fuerzas para la consecución de un objetivo tan diminuto y tan pobremente defendido. Desde ese punto de vista, podemos esbozar una sonrisa que se detendría ahí para, a continuación, convertirse en un gesto de aprobación admirativa ante una acción militar de cierta envergadura por el número y variedad de efectivos empleados, no por la entidad del enemigo (aunque la mejor forma de evitar sorpresas es estar preparado para ellas y, de paso, enviar un mensaje inequívoco). En realidad, ha sido como unas maniobras en las que, independientemente de las facilidades dadas por el adversario, se trataba de ensayar en la realidad una serie de capacidades múltiples y procedimientos conjuntos que han demostrado la capacitación profesional de algunas de las unidades de elite de nuestras Fuerzas Armadas. En la preparación y culminación del ejercicio han intervenido la Marina, el Ejército de Tierra y el Ejército del Aire. Una operación de manual y un ejemplo de colaboración fluida y armoniosa.
Las advertencias (¿amenazas?) marroquíes no pueden estar sustentadas por la potencia militar de quien las profiere, tanto en cantidad como en calidad de efectivos. Igual que en cualquier ejército de tercer o cuarto orden, el marroquí concentra en el arma de Tierra el mayor número de soldados. El Ejército de Tierra es siempre más barato y menos exigente tecnológicamente que sus hermanos aéreo o naval, que requieren especialistas de costosa formación, amén de inversiones cuantiosas en adquisición y mantenimiento. Los 175.000 soldados marroquíes prácticamente doblarían en número a los españoles. Pero, a pesar de constituir un ejército fogueado en combate en la guerra contra el Polisario y con una cierta organización logística, carece de los medios (comunicaciones, transporte, intendencia, armamento, etcétera) de que dispone la Infantería española, que cuenta con unidades punteras como la Legión y los Boinas Verdes. En la Armada existe una tremenda desproporción en efectivos humanos (unos 8.000 frente a, aproximadamente, 37.000) y, sobre todo, tecnológicos y, de nuevo, logísticos. Sin hablar de unidades menores y auxiliares, nada hay en Marruecos remotamente comparable al portaaviones Príncipe de Asturias, con su dotación de aviones Harrier y diversos tipos de helicópteros. Ni semejante a los buques de asalto Castilla, Galicia y Aragón. Ni al petrolero Marqués de la Ensenada. Ni tampoco nada parecido a las 11 fragatas, seis corbetas y 12 patrulleras mayores bien dotadas y con una oficialidad y una marinería muy competentes, continuamente adiestradas, en el caso de las fragatas, en maniobras con la OTAN y desplegadas en misiones de patrulla e interceptación en puntos conflictivos del globo. Marruecos posee tres corbetas y 23 patrulleras de diverso tipo. En cuanto a submarinos, ocho a cero a favor de España. El Arma Aérea (unos 13.500 efectivos) es tal vez la mejor dotada y entrenada de Marruecos, en parte por su experiencia en reconocimiento y ataque a las tropas polisarias, y sus frecuentes ejercicios con las Fuerzas Aéreas de España y Francia. Dejando a un lado aparatos de transporte, reconocimiento y helicópteros, consta de casi un centenar de cazabombarderos, fundamentalmente F-5 y Mirage F-1, concentrados en las bases norteñas de Sidi Slimane y Meknes. España (unos 30.000 efectivos humanos) duplica ampliamente esa cifra de aviones. Nuestro país posee, asimismo, F-5 (Escuela de Reactores de Talavera) y Mirage F-1 (Los Llanos, Albacete). Pero, además, los mucho más modernos F-18 de Torrejón, Zaragoza, Morón (Sevilla) y Gando (Gran Canaria).
Estamos hablando, en conjunto, de un Ejército, el español, con el consabido problema presupuestario y el conocido déficit de efectivos. Pero, pese a todo, en progresiva profesionalización y tecnificación. Un Ejército con una oficialidad joven y preparada, experta en misiles y satélites, no en trabucos. Un Ejército cada vez más moderno y capaz, incluido en la maquinaria OTAN y que aporta a la Organización algunas unidades de Reacción Rápida. Un Ejército incurso en algunos programas de tecnología punta como el Eurofighter y las fragatas F-100. Un Ejército europeo. De segundo nivel continental, pero europeo y democrático. Frente a él, otro Ejército muy diferente. Una potencia en la zona, pero nada más. Temible hasta donde aconseja la prudencia y recomienda la sensatez, pero no más allá. Militarmente, como en tantos otros aspectos, Africa no empieza en los Pirineos, sino en el Estrecho.
El Mundo. CARLOS TORO. 18.07.2002.
No señor: Africa comienza en El Tarajal.

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