


Pero no hay que olvidar a la Cofradía de Estudiantes que, ahora que todo el mundo destaca como histórico cualquier hecho, lo fue desde su creación, adelantándose a su tiempo al introducir – y crear – la figura del hermano portador, en pleno auge de las cuadrillas, muy “profesionalizadas” de hombres de trono. Cuando con el desarrollo y el crecimiento económicos, llegó la crisis de estos hombres – sacar a la calle una hermandad, salía ya por un ojo de la cara – el camino trazado por Estudiantes sirvió de compás para las singladuras – al paso corto malagueño, tan marinero – del resto de Cofradías. Recordar, también, sus fervorosos cruces con Gitanos, frente al antiguo Aeroclub, que al principio fueron emotivos, para con el tiempo, terminar por diluirse en algo poco recomendable.
Por otra parte, la modestia es una gran virtud, pero convertida en alarde, podría convertirse en un pecado capital. Tampoco me parece de recibo, instar al silencio generalizado – nada de aplausos, vítores o gritos llenos de fervor – en la calle, que es de todos, por parte de los cofrades de cierta Hermandad. Los silencios deben ser exigidos – en todo caso – en manifestaciones de culto interno. La calle, que NO era de Fraga, tampoco lo es de los hermanos de ninguna Cofradía, y si un cristiano no puede aplaudir a su Dios, pues que venga Dios y lo vea. En cualquier caso, la concurrencia en la iglesia de Santo Domingo, como sede canónica, de Cofradías tan “distantes” como la Congregación de Mena y otras, habla por si sola, de la diversidad de la Semana Santa malagueña. Para “mosquear” a alguno de estos aspirantes a cofrade sevillano de la hermandad madre y matriz, el Silencio, le digo – en broma - que en Mena, el próximo año, van a sacar un tercer trono para incorporar al Ejército del Aire. Y no se ponen contentos, precisamente. Su integrismo fundamentalista, les hace desear la generalización de su canon, por imposición a los demás.
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