18 julio, 2006

LA ESPAÑA DE LA PANDERETA.-

Zapatero nos ha devuelto a la España de la pandereta, la España de broma, la España en que todo se convierte en chufla y chanza. Tenemos un gobierno del que es mejor reírse para no llorar. El Gobierno parece una compañía de cómicos, charlatanes, titiriteros, funambulitas, aprendices de brujos, adivinos y equilibristas. Nada de lo que se dice es real porque Zapatero, como “Alicia en el País de las Maravillas”, vive en un mundo donde todo es apariencia, disimulo, engaño y fantasía. El problema es cómo será el despertar de este mal sueño.
Zapatero nos ha introducido colectivamente en una casa de los espejos en la que todo es lo contrario de lo que aparenta. La policía avisa a los terroristas antes de que sean detenidos. Los asesinos son elogiados y las victimas son despreciadas. Los demócratas son excluidos y los criminales aceptados como interlocutores políticos. Los fiscales se convierten en abogados y los delincuentes en acusadores particulares.
La Nación española se convierte en algo discutido y discutible, pero se reconocer otras naciones y realidades nacionales como hechos indiscutidos e indiscutibles. El Estado pierde prácticamente todas sus competencias para construir de esta forma un estado más fuerte. La financiación autonómica va abocada al milagro de los panes y los peces según el cual todos podrán financiarse hasta hartarse. Es más, cada uno pide según su conveniencia, unos por riqueza, otros por población, otros por territorio y otros por necesidad. Aunque la suma de todos esos criterios sea imposible, nada importa eso en el país de las maravillas.
En el País Vasco, Zapatero ha montado ahora un tétrico circo con dos pistas. En una los terroristas recibirán premios por portarse bien. En la otra, los nacionalistas lograrán aquello por lo que los terroristas mataron a tantos inocentes. Pero los terroristas serán protagonistas en realidad en ambas pistas, porque si en la negación política no obtienen lo que quieren, volverá a correr la pólvora e incendiaran el circo.
No acaban aquí las chanzas, aunque estas sean las más peligrosas. Cientos de miles de inmigrantes ilegales llegan cada año a nuestro país y el gobierno encuentra la solución mágica: legaliza a todos los ilegales y problema solventado. Ahora se propone algo un poco más difícil, como un doble salto mortal, el ministro de Trabajo anuncia ahora que los inmigrantes ilegales podrán trabajar legalmente sin necesidad de haber sido antes legalizados. Es el más difícil todavía.
Pero hay más. A este Gobierno no le toman en serio ni en el África tropical. Mandamos un avión cargado de inmigrantes ilegales a Guinea Bissau y nos lo devuelven a Madrid con gran alborozo de sus ocupantes. El Presidente anuncia solemnemente en el Congreso una repatriación masiva de senegaleses y a las 24 horas el gobierno del Senegal lo suspende acusándonos encima de violar los derechos humanos de sus ciudadanos.
En Cataluña los partidos de la oposición son agredidos y el Gobierno les aconseja que se tranquilicen, porque son ellos en realidad los culpables por pensar libremente lo que piensan. La delincuencia aumenta espectacularmente y los ciudadanos están cada vez más asustados, pero el Ministro del Interior asegura que las estadísticas son cada vez mejores. La vivienda se encarece un 12 por ciento y la ministra del ramo asegura que está bajando su precio. La inflación empieza a descontrolarse y el Gobierno aumenta el gasto público. Es decir, este en un gobierno que gobierna siempre en sentido inverso a la realidad.
La lista de los despropósitos resultaría inacabable, pero lo grave no son los errores en si mismos, sino el afán del Gobierno por convertir esos errores en grandes aciertos, por otorgar a las palabras el sentido justamente inverso de lo que significan, por presentar la realidad justo al contrario de cómo es. El peligro es que esta España de pandereta pueda acabar una vez más en tragedia.
Ignacio Cosidó. Libertad Digital.

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