08 enero, 2009

EL “LIFTING” DE MINERVA.-

El Juan Sebastián Elcano estrena su mascarón de proa antes de iniciar el crucero de instrucción número 80 Para el comandante, la imagen se fue «hecha pedazos y vuelve como una diosa»
El buque-escuela de la Armada Juan Sebastián de Elcano estrenó ayer su nuevo mascarón de proa en una corta travesía, partiendo del Arsenal de La Carraca de San Fernando para llegar al puerto comercial de Cádiz, donde permanecerá atracado hasta el próximo sábado, día en el que iniciará su crucero de instrucción número 80. Su primera escala será en Tenerife y finalizará en Marín el próximo 13 de julio tras pasar por Brasil, Estados Unidos, Colombia y México, entre otros países.
Después de tres meses y medio centrados en los trabajos de restauración de la talla que representa a la diosa Minerva, ayer se inauguró finalmente abriendo de nuevo el puente Carranza en un trayecto que duró una hora y cuarto y en el que viajaba uno de los máximos responsables de que se llevara a cabo la rehabilitación de la figura, José María Goyanes, jefe industrial del Arsenal de La Carraca.Para Goyanes se trataba de una actuación «necesaria» que se llevó a cabo debido a que «encontramos las condiciones ideales. Principalmente unos astilleros preparados para una reforma de tales características y especializados en reparaciones náuticas de este tipo de embarcaciones», razón por la que el buque-escuela se ha pasado dos meses y medio atracado en el astillero Nereo de Málaga.Goyanes reconoció las «dificultades que han surgido incluso en su instalación, ya que tuvimos que regular la altura del bauprés (palo de proa) para que no tocara la imagen». Aunque «hay que tener en cuenta que la figura se encontraba en un estado lamentable, especialmente tras la tormenta de 1996 en Sudáfrica que hizo que la nave tuviera que ser reparada en Ciudad del Cabo». Allí se hizo una reforma para salir del paso en la que se pudo comprobar los problemas de la talla. El conocido imaginero malagueño Rafael Ruiz Liébana, encargado de restaurar el mascarón, descubrió «bloques enteros sin tallar y de diferentes maderas, algo que no esperábamos encontrar y que nos sorprendió al igual que su mal estado, que nos convenció de la imposibilidad de cumplir los plazos a los que nos habíamos comprometidos antes de ver el barco».Aunque se extendió el periodo de restauración, finalmente se realizó en un «tiempo récord», como reconoció el comandante de Elcano, el capitán de navío Javier Romero, que afirmó que «la figura se fue hecha pedazos para volver convertida realmente en una diosa».Unas declaraciones que realizó en el acto de entrega de recuerdos de la nave, una vez que atracó en Cádiz, para agradecer tanto al imaginero malagueño como al astillero Nereo el trabajo realizado.El comandante también hizo alusión al nuevo crucero que iniciará el buque-escuela el próximo sábado y que tiene como objetivos «la instrucción de los guardiamarina así como representar a España en todos los puertos en los que atraque».La dotación del Juan Sebastián de Elcano estará conformada en esta ocasión por 180 hombres. Añadirá un anestesista y un cardiólogo a su servicio médico y serán 34 los alumnos que realicen el viaje de instrucción. La embarcación regresará a Cádiz el próximo 21 de julio, tras celebrar en Pontevedra el día del Carmen, patrona de la Armada.El mascarón de proa solía tener relación con el nombre del buque, precisamente Minerva fue el primer nombre elegido para Elcano que iba a ser el sustituto de otro velero de igual nombre comprado en el extranjero, pero que no llegó a utilizarse por no reunir las condiciones necesarias. Sin embargo, durante una visita a Cádiz del entonces presidente del gobierno de Alfonso XIII, el general Primo de Rivera, el director de los astilleros le propuso que se cambiase el nombre del buque en construcción por otro más relacionado con la historia marítima española.Desde entonces, el buque-escuela lleva el nombre del famoso circunnavegante, pero ha sido Minerva la que ha estado coronando su tajamar en los 81 años que ha cumplido el navío. Una imagen que se ha encargado de guiar sus navegaciones, al igual que hizo el trozo de madera que, según la mitología romana, tal diosa regaló a los argonautas para su largo viaje.
En la
mitología romana Minerva es la diosa de la sabiduría, las artes, las técnicas de la guerra, además de la protectora de Roma y la patrona de los artesanos. Se corresponde con Atenea en la mitología griega.
El nombre «Minerva» probablemente fuera importado de los
etruscos, que la llamaban Menrva. Los romanos habrían confundido fácilmente su nombre extranjero con la palabra latina mens, ‘mente’, dado que uno de sus aspectos como diosa correspondía no sólo a la guerra sino también al intelecto.
Esta diosa era la hija favorita del
Olimpo, que le había concedido varias de sus prerrogativas supremas. Tenía el don de profecía, prolongaba a voluntad la vida de los mortales, obtenía la felicidad tras la muerte: todo lo que ella disponía con un gesto de su cabeza era irrevocable, todo lo que prometía llegaba infaliblemente. Sus atributos eran la égida (el escudo adornado de la cabeza de la Gorgona), el olivar y la lanza.
Minerva era hija de
Júpiter, quien tras haber devorado a Metis, la Prudencia, sintió un gran dolor de cabeza. Recurrió a Vulcano, quien le abrió la cabeza de un hachazo – este Vulcano, siempre con sus tendencias “palestinas” - surgiendo de ella Minerva, armada y en una edad que le permitió ayudar a su padre en la Gigantomaquia (guerra contra los Gigantes), donde se distinguió por su valentía.
Una de las características más famosas de la historia de Minerva es su desacuerdo con
Neptuno para dar su nombre a la ciudad de Atenas. Doce grandes dioses, elegidos como árbitros, decidieron que quien produjera la cosa más útil para la ciudad le daría su nombre. Neptuno, de un golpe de tridente, hizo que la tierra diese un caballo y Minerva hizo crecer un olivar, lo que le dio la victoria.
En la
Guerra de Troya Minerva se mostró favorable con los aqueos después de que Paris la humillase al prefirir la belleza de Venus sobre la de Juno y la suya propia. La casta Minerva siguió siendo virgen, lo que no le impidió disputar el premio en el Juicio de Paris. Con el fin de triunfar sobre sus rivales, ofreció a su juez el conocimiento y la virtud. Sus ofertas fueron inútiles y concibió un gran despecho.
A veces conduce a
Ulises en sus viajes, a veces se digna enseñar a las hijas de Pandora al arte de destacar en los trabajos que convienen a las mujeres, a representar flores y combates en obras de tapicería, incluso es ella la que embellece de sus manos el abrigo de Juno. En una ocasión se enfrentó a Aracne para comprobar cuál de las dos tejía más rápido. Para demostrarlo, Minerva le propuso una labor: una tela magnífica. Cuando Minerva vio la superioridad de Aracne, fue víctima de tantos celos que decidió convertirla en una araña (según cuenta Ovidio en Las metamorfosis), hecho por el que se conoce a Minerva como una diosa cruel. Esta escena fue representada por Velázquez en su lienzo Las hilanderas, actualmente en el Museo del Prado (Madrid).
Finalmente, es Minerva quien hace construir la nave de los
argonautas según su dibujo, y quien coloca en su proa la madera que habla, cortada en el bosque de Dódona, la cual dirigía su rumbo, les informaba de los peligros y les indicaba los medios de evitarlos. Bajo esta metáfora es fácil reconocer el timón de la nave.
Durante el viaje inaugural del buque, visitaron la Isla de Perejil, muy de moda a la sazón, como lugar para ubicar la segunda vivienda.

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