16 mayo, 2007

CARTA A MANOLO SANTANA.-

QUERIDO MANOLO:
Estábamos el otro día viendo como Nadal se pegaba la gran paliza – cuando elegí la pesca submarina, hay que ver lo bien que hice – y me asombraba de que María Luisa, recuperase su medio perdida afición tras la traumática salida del tenis, después de tantos años. Porque llevaba algunos, que no era capaz de ver ni un partido.
Y recordábamos el final federativo de Javier Montes que era una buena persona, pero tenía la debilidad de “colocar” como gerente al primero que le “meneaba el rabito”; con él, cualquiera era válido y estaba capacitado. ¡Menudo desastre! Siempre me ha asombrado que para directivo o ejecutivo del tenis, “vale” cualquiera. Y cuanto menos preparación, más osadía.
Y me dije: esto se lo tengo que contar a Don Manuel.
Fue la clásica reunión tenística-conspiradora y hube de asistir yo – como representante “personal” de María Luisa, en calidad de que otra cosa podía ir, si no tengo ni idea – en el Parador de Antequera.
Asistieron “los sevillanos” que aspiraban a “la mano de Doña Leonor” y, por parte malagueña, que yo recuerde, Carlos Saavedra y mi buen amigo, el cofrade esperancista, “el zorro plateado”, José Agustín Gómez – Raggio, que era quien había insistido mas para que fuese con ellos.
La consigna es que fuese “discreto”, algo que me resulta muy difícil, incluso aunque permanezca en silencio; dicen que un solo gesto y ya está el lío. Pero ante la falta de concreción de la conversación, hube de preguntar – tal que Julio Anguita – por su programa. Ante mi sorpresa, Escañuela no contestó; lo hizo uno de “sus banderilleros” y dijo “que ellos querían potenciar la competición de veteranos”. Me quedé estupefacto. No es que yo tenga nada contra el hecho de que las personas de mi generación hagan deporte, pero que de lo primero que hablasen fuese de “eso”, que ese fuera el nudo gordiano de su “programa”, me sorprendió ingratamente. Como no entiendo patata de tenis – salvo algunos aspectos de organización y costes – lo que sabía es que se hacía necesario regular de manera diferente el tema de los costes arbitrales – había claros “abusos”, en relación con el poco presupuesto que se maneja - sobre todo en los torneos de categorías inferiores, que es donde está “la cantera”; pero, por lo visto, no era el momento y nos quedamos sin saber los puntos de vista del aspirante Escañuela. Sobre ese tema y sobre todos los demás. Ahora, creo, que porque carecía de ellos.
Tampoco hubo manera de que pusiera encima de la mesa la composición de su Directiva, en resumidas cuentas, la reunión no iba a servir para nada y yo había perdido una preciosa mañana de pesca – de pesca o de bañarme y tomar el sol – para nada. Entonces no estaba jubilado y, los sábados, eran muy importantes para mí.
Recomendé vivamente que “le diesen un portazo” al aspirante, no me hicieron caso y los resultados están a la vista. Hay menos competición y peor organizada que antes.
Con posterioridad hubo otra reunión en El Candado, pero ni Arregui ni Carlos quisieron que asistiese; deseaban arreglar el asunto “diplomáticamente” y yo, por el contrario, proponía “descabellarle” directamente. La cuestión es que Escañuela, estaba seguro de ello, “no tenía un pase” por lo que se les fue “vivo a los corrales”. Todos me dieron la razón, cuando ya no había remedio.
La manera como despidió a Susana, la chica que trabajaba como administrativa en la Delegación malagueña – competente, con personalidad y trabajadora – fue horrible: un burofax a su domicilio, en tanto ella estaba trabajando y sin comentar nada, previamente, con la Delegada. Sus padres se llevaron un disgusto enorme porque creyeron que había hecho algo malo e inconfesable y, me consta, no era así. Nada más que por solidaridad – también por llevarle la contraria al nota - conservo la amistad con Susana – de vez en cuando nos tomamos unos vinos - que pronto encontró trabajo: la chica vale.
Así que ya conoces los pormenores de “La Batalla de Antequera”.
Por TV das muy requetebién, así que de salud, fenómeno. Nos alegramos.
Un abrazo y larga vida,
José Ignacio.

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